La piel sensible, también conocida como piel hiperreactiva, es una afección cutánea que afecta a un 39 % de la población, siendo más común en mujeres que en hombres. Este tipo de piel presenta síntomas como enrojecimiento, tirantez y reactividad ante diversos productos.
Según el farmacéutico Jerónimo Ors, director de la firma de cosmética botánica Cosméticos Paquita Ors, la epidermis contiene pequeñas terminaciones nerviosas que envían información al cerebro sobre el entorno y el tacto. Estos sensores son fundamentales para realizar actividades cotidianas, al tiempo que la piel protege los órganos internos de agresiones externas, como golpes y radiaciones.
No obstante, la exposición constante a factores como la contaminación, productos cosméticos inapropiados, radiación ultravioleta, estrés y dietas ricas en alimentos ultraprocesados puede sobrecargar el sistema cutáneo. Esto provoca que la piel pierda su capacidad para diferenciar entre lo que es beneficioso y lo que es dañino. Como resultado, la epidermis se encuentra en un estado de alerta constante, manifestando síntomas de incomodidad.
La doctora Muñoz-Calero subraya que utilizar vinagre o bicarbonato en la limpieza puede ayudar a evitar la acumulación de tóxicos ambientales, lo que contribuye a la salud de la piel sensible.
Para cuidar adecuadamente la piel sensible y mitigar los efectos adversos, Ors propone tres pilares fundamentales:
- Protección solar diaria: Es esencial aplicar cremas o leches solares todos los días, aumentando la frecuencia en primavera y verano, especialmente si se va a estar al aire libre.
- Limpieza suave: Se deben evitar geles y jabones agresivos, optando por aguas de tocador delicadas, como la de manzanilla o avena, que son menos irritantes que el agua del grifo.
- Uso de activos calmantes y antioxidantes: Durante periodos de alta sensibilidad, es recomendable evitar productos que aceleren la renovación celular, como retinoles o ácidos frutales, y en su lugar, emplear ingredientes naturales como la avena o la caléndula, así como antioxidantes como la vitamina C.
Implementando estos cuidados, la piel sensible puede dejar de estar en un estado de alerta constante y recuperar su equilibrio, transformándose en una epidermis más saludable y luminosa, capaz de resistir mejor los factores externos que la agreden a diario.













