La economía española genera uno de cada cuatro empleos en la UE, superando a Alemania

España generó uno de cada cuatro nuevos empleos en la UE desde 2020, superando a Alemania, que perdió más de 320.000 puestos de trabajo.

Antes de la crisis financiera de 2008, España se destacaba por su crecimiento económico impresionante, convirtiéndose en un modelo a seguir dentro de la Unión Europea. En aquel entonces, el sector de la construcción florecía, produciendo un cuarto de todas las viviendas en la UE, cifra que igualaba a las de economías como Alemania, Francia, Reino Unido e Italia. Este fenómeno fue motivo de orgullo para los gobiernos de la época, primero bajo el liderazgo del PP de José María Aznar y luego con el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero. Sin embargo, la burbuja inmobiliaria que alimentó este crecimiento se convirtió en un desastre cuando el mercado colapsó, revelando la fragilidad de la economía española, que había sido impulsada por una liberalización descontrolada y tipos de interés bajos.

Hoy, España vuelve a captar la atención mundial con cifras que sugieren un nuevo auge. Desde el año 2020, cuando comenzó la pandemia, hasta el final de 2025, el país ha generado uno de cada cuatro nuevos empleos en la Unión Europea, un porcentaje que coincide con el de hace casi dos décadas. En el último año, esta proporción ha superado el 40%, lo que contrasta drásticamente con la situación de Alemania, que ha perdido más de 320.000 empleos, según datos de Eurostat.

En términos de creación de empleo, España ha duplicado la cifra de Alemania en los últimos cinco años, a pesar de que la población germana es significativa. Esta comparación también se puede hacer con Francia e Italia, donde las cifras no son tan alentadoras. Por otro lado, Portugal está experimentando un crecimiento de empleo aún más notable, lo que plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del mercado laboral español.

Parte del crecimiento económico en España se atribuye a los fondos europeos creados tras la pandemia. Sin embargo, a pesar de recibir recursos similares, Italia ha creado solo la mitad de nuevos puestos de trabajo en comparación con España. Este fenómeno ha generado una discusión sobre el futuro económico del país dentro del contexto europeo.

La regularización de inmigrantes impulsada por el Gobierno de España ha sido un tema de debate, ya que estas personas no solo han llegado para ocupar trabajos, sino que también pueden contribuir al sistema económico al garantizar derechos en condiciones de igualdad. La llegada de inmigrantes ayuda a compensar la baja tasa de natalidad de la población nativa, algo esencial para un crecimiento sostenido. Las economías capitalistas requieren tanto un aumento de población como un leve incremento de precios para funcionar adecuadamente.

A pesar del crecimiento del empleo, existe preocupación sobre la productividad y el equilibrio entre el peso de España en la economía europea y su capacidad de generar trabajos de calidad. Muchos economistas han señalado que, aunque el empleo está en auge, la productividad no muestra mejoras significativas. Esto podría significar que un número creciente de personas se reparte un pastel económico que no crece en términos individuales. El Producto Interior Bruto (PIB) por habitante se mantiene prácticamente constante, lo que se refleja en los bajos salarios que muchos trabajadores perciben.

La percepción general entre la población es que sus condiciones de vida han empeorado y que los salarios están estancados. De hecho, según la OCDE, el salario medio en España apenas ha aumentado desde 1995, incrementándose solo un 5%, en comparación con el 30%% de otros países analizados. Este leve aumento se ha concentrado en los últimos años, especialmente desde 2018. Sin embargo, hay sectores, como los servicios empresariales y la investigación, que están mostrando un crecimiento en productividad a un ritmo superior al de la media.

En el contexto europeo, la economía alemana, tradicionalmente fuerte, se encuentra en un estado de estancamiento, afectada por altos costes energéticos y la competencia internacional, sobre todo de China. Alemania está intentando reorientar su modelo industrial hacia nuevas áreas, lo que plantea retos significativos para su futuro económico. Ante esta situación, la tendencia hacia la desindustrialización en Europa podría tener repercusiones en la economía española, que, aunque en crecimiento, se ve cada vez más especializada en empleos de baja productividad.

En conclusión, el crecimiento actual de la economía española plantea tanto oportunidades como retos. Si bien los datos sobre creación de empleo son positivos, es necesario abordar la cuestión de la productividad y la calidad de los empleos generados. A medida que Europa enfrenta cambios económicos significativos, el futuro de España podría marcar un camino hacia un modelo que prioriza el empleo a corto plazo, pero corre el riesgo de comprometer la sostenibilidad a largo plazo.

Lucía Fernández Ortega

Lucía Fernández Ortega

Economista y periodista con máster en Comunicación Digital. Lidera la cobertura de mercados, empresas y tendencias tecnológicas.

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