Durante años, la galleta fue un producto pequeño y sencillo, pero las redes sociales han cambiado por completo su concepto. Ahora, las galletas se parten con las manos, se muestran en cámara lenta y desbordan rellenos atractivos tanto en sabor como en imagen. En este nuevo escenario se ha consolidado Gisela Cruz Prim, creadora de Tartas Bastante Majas, una de las voces más destacadas de la repostería digital actual.
Desde su obrador en Sant Adrià de Besòs, Barcelona, Gisela ha convertido sus cookies, gruesas y generosas en relleno, en un fenómeno especialmente entre los jóvenes. Su salto a las librerías llega con la publicación de Cookies sin drama (Editorial Espasa), un libro que reúne más de cuarenta recetas que van desde versiones básicas hasta preparaciones virales como la Pistacho Dubái crujiente, la Red Velvet rellena, la Lemon pie o la original cookie Carbonara.
Pero este libro va más allá de ser un simple recetario. Es la historia de una creadora que nunca pensó dedicarse a la cocina. Tras estudiar Diseño y trabajar en sectores muy diferentes, encontró en la pastelería una vía para reinventarse, expresarse y montar su propio negocio. Sin formación clásica, Gisela aprendió a base de vídeos, lectura, ensayo y error, lo que le ha permitido conectar con su comunidad no solo por la calidad de sus recetas, sino por mostrar un proceso auténtico y sin artificios. «La gente busca perfiles reales en redes», afirma, «yo enseño el camino sin trampa ni cartón».
Su autenticidad ha sido clave para mantener una audiencia fiel. En un entorno saturado de contenidos gastronómicos, Gisela sostiene que la permanencia depende de dos pilares: que la receta funcione y que exista una conexión emocional. «Cuando alguien prueba la receta y le sale bien, genera confianza. Pero también es importante compartir mi vida, mostrar quién soy y fomentar la interacción. En redes parece que estamos conectados, pero en realidad estamos más solos que nunca», subraya.
La técnica detrás de la viralidad
Cookies sin drama recoge una tendencia internacional originada en Estados Unidos y potenciada por TikTok e Instagram: galletas altas, rellenas y con interiores cremosos diseñadas para provocar deseo inmediato. No son las galletas planas de antes, sino piezas elaboradas para mantener su altura, conservar un interior tierno y soportar el relleno tras hornear.
El libro adapta esta estética viral al ámbito doméstico, explicando con detalle cómo controlar el peso de los huevos, elegir harinas según su contenido proteico, manejar la temperatura de los ingredientes y del horno, o por qué congelar la masa puede marcar la diferencia entre una cookie perfecta y una que se desparrama. La base es técnica, pero presentada con un tono cercano: «No es improvisación, es técnica al servicio del placer», resume Gisela.
En la actualidad, una receta no solo debe estar buena para triunfar, sino también generar conversación y ser visualmente impactante. Gisela conoce bien esta realidad: «Existen millones de recetas ricas, pero ahora lo importante es crear diálogo y que la imagen sea disruptiva». Entre sus creaciones para redes destacan la Pistacho Dubái crujiente, la Monstruo azul, la Salada de jamón y la Carbonara, que refleja la creatividad sin límites en el universo de las cookies.
Desafíos y aprendizajes del éxito digital
Para Gisela, la viralidad por sí sola no sostiene un negocio. «Si un producto es viral pero decepciona, te destruyen en redes con malas reseñas, y eso es peor que no ser conocido», advierte. Al diseñar una receta, considera tanto el sabor como la imagen. «Hay recetas con gancho para redes y otras más gourmet, menos visuales pero más sabrosas. Busco un equilibrio porque si algo solo es atractivo pero no está bueno, no lo saco».
El éxito digital también implica una exigencia constante. Gisela reconoce que ser creadora de contenido es agotador: «Hay que innovar y publicar cada día para mantener la atención». Sin embargo, ha aprendido que los contenidos más reales, con errores y anécdotas, conectan más que los vídeos muy elaborados. «Cuando intento hacer contenido profundo no siempre funciona, pero una anécdota rápida o un momento divertido puede tener miles de visitas».
Su proyecto no se explica solo por la calidad de sus recetas ni solo por su comunidad fiel, sino por la combinación de ambas. «Si tienes comunidad pero el producto es malo, solo vendes una vez y luego la gente no vuelve, además de hacer mala publicidad», explica. Esta exposición también aumenta las expectativas de quienes visitan su obrador, que ya no es una pastelería cualquiera, sino una marca cercana con una historia visible en redes.
El prólogo de su libro, firmado por Sergio Bolaños (@peldanyos), destaca el esfuerzo constante de Gisela: «Es un ejemplo perfecto del incansable trabajo de los autónomos en España para sacar adelante su negocio. Nadie le ha regalado nada».
Organizado en cuatro bloques —Sin dramas, Las gourmet, Más allá de la cookie y Pastelería a mi manera—, Cookies sin drama ofrece desde recetas sencillas hasta elaboraciones híbridas como brookies, cookie pies o focaccias dulces con masa de cookie. Su objetivo es mostrar que la técnica puede aprenderse sin solemnidad, con soluciones prácticas y la idea de que equivocarse también forma parte del proceso de cocinar.
Detrás de cada cookie de Gisela hay mucho más que ingredientes: hay una historia de esfuerzo, comunidad, exposición pública y emprendimiento real. Su libro lleva al papel un fenómeno que nació en las pantallas y confirma que los sueños, a veces, también se hornean.











