Carmen Martínez, natural de Cangas del Narcea (Asturias) y referente en ciencia agraria en España, lidera el grupo de Viticultura, Olivo y Rosa (VIOR) en la Misión Biológica de Galicia, con sede en Salcedo (Pontevedra). Su trayectoria se ha centrado en rescatar variedades agrícolas que estaban desaparecidas o ignoradas por la administración y la historia.
La investigadora ha sido clave en la oficialización de los vinos de Cangas del Narcea, la revitalización del olivo gallego y la defensa de la presencia femenina en la investigación de alto nivel. Según Martínez, «un país no puede permitirse perder talento» y para dedicarse a la ciencia «no se necesita ser un genio, sino tener vocación, constancia y audacia». Su labor va más allá del análisis genético de plantas, pues también valora el potencial del medio rural para encontrar una nueva vida gracias a la ciencia y la transferencia tecnológica.
Recientemente, Martínez fue galardonada con la Manzana de Oro, un premio con más de seis décadas de historia entregado por el Centro Asturiano de Madrid, que ha reconocido a figuras destacadas de la cultura, política y empresa. Para ella, este reconocimiento tiene un significado especial, al ser asturiana y mantener un vínculo afectivo con esta institución madrileña.
Aunque su carrera se ha desarrollado principalmente en Galicia, Martínez mantiene un fuerte nexo con Asturias. En paralelo a su trabajo sobre viticultura en Galicia, donde comenzó describiendo el Albariño, abrió en 1986 una línea de investigación para recuperar la viticultura asturiana, entonces considerada inexistente. Su trabajo permitió identificar y recuperar variedades autóctonas, sentando las bases para la Denominación de Origen Protegida Cangas.
Además de la vid, su grupo trabaja con la Rosa Narcea. Tras comprobar que se trataba de una variedad única mediante análisis de ADN y evaluar la calidad de su aceite esencial para la perfumería, crearon en 2021 la empresa tecnológica Aromas del Narcea SL. Esta spin-off, que une científicos con socios financieros y del sector del perfume, colabora actualmente con multinacionales para explotar este extracto, aunque el proceso es lento debido al ciclo anual de floración de las plantas leñosas.
El renacer del olivo gallego y su potencial rural
En Galicia, uno de los grandes logros ha sido la recuperación del olivo, un cultivo que desapareció tras la Edad Media debido a impuestos que provocaron su abandono. Martínez y su equipo han localizado ejemplares olvidados en entornos como bosques y pazos, registrando variedades únicas a nivel mundial. Esto ha propiciado la creación de una asociación de olivareros y pequeñas almazaras. Los aceites gallegos se distinguen por adaptarse a las condiciones locales y están empezando a obtener premios que ponen en valor su calidad, marcando un camino similar al éxito de la viticultura regional.
La investigadora subraya que rescatar estas variedades puede contribuir a frenar la despoblación rural, ya que el mercado demanda productos diferenciados vinculados a su territorio. Vincular el cultivo y la elaboración a las características específicas de una zona genera alternativas económicas sostenibles para áreas con pocas opciones. Además, fomenta la economía circular, por ejemplo, aprovechando residuos como el bagazo para producir aceites de semilla de uva o aplicaciones farmacológicas, y crea empleo para jóvenes con alta formación.
La presencia femenina en la investigación y nuevos retos científicos
Como presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas de Galicia (AMIT), Martínez valora la evolución del papel femenino en la ciencia, aunque advierte de retrocesos. Explica que, aunque al inicio de la carrera universitaria las mujeres igualan o superan en número a los hombres, conforme avanzan en la carrera científica disminuyen drásticamente, evidenciando un techo de cristal. Martínez defiende que la promoción debe basarse en méritos y que el reto es identificar y corregir las causas de esta desigualdad sin generar enfrentamientos.
A quienes sueñan con ser científicos, Martínez les transmite que es una profesión apasionante y gratificante, aunque exige esfuerzo y paciencia. Destaca que no es imprescindible ser un genio ni tener un expediente impecable, sino contar con vocación, perseverancia y valentía para emprender iniciativas. Además, asegura que en España existen oportunidades para desarrollar una carrera científica sin necesidad de emigrar desde el inicio.
En cuanto a los proyectos actuales del grupo VIOR, Martínez señala que trabajan en el aprovechamiento de residuos y la búsqueda de usos innovadores. También desarrollan modelos predictivos para reducir tratamientos fitosanitarios en viñedos, adaptados a cada parcela. En el caso del olivo, están perfeccionando técnicas de multiplicación in vitro para satisfacer la creciente demanda de plantas y analizan cómo se comportan las distintas variedades en diferentes zonas gallegas para recomendar las más adecuadas.












