El presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, vivió un momento complicado durante el debate electoral emitido el pasado lunes por TVE. Su intervención no estuvo a la altura y, según sus propias palabras, se sintió «atropellado». Al día siguiente, Moreno admitió que le resultó indigesto el formato del debate y, días después, en un foro de Europa Press, insistió en que este tipo de encuentros carecen de impacto real en el electorado.
Moreno defendió que una sola imagen suya ha alcanzado a más de un millón de personas, mientras que, en su opinión, el debate de TVE no fue más que un montaje de falsedades y engaños. Añadió que los debates están obsoletos y que hoy en día un vídeo o incluso una canción pueden atraer más votos que estas confrontaciones tradicionales.
Por su parte, la ministra Montero tampoco salió bien parada. Durante el debate, Moreno acusó al Gobierno de sobrecargar a los ciudadanos con impuestos y presumió de ser el responsable de la mayor inversión en sanidad en Andalucía. Sin embargo, Montero no aclaró la contradicción de que ese incremento presupuestario se debe, en realidad, a una mayor recaudación fiscal. Tampoco replicó la acusación de Moreno sobre los recortes en presupuesto y plantilla sanitaria durante su etapa como consejera, ni recordó que el expresidente Rajoy aplicó medidas drásticas a nivel nacional con tasas de reposición cero y recortes en la sanidad.
En el debate, Moreno evitó responder a las preguntas de Maíllo y García sobre las muertes de mujeres relacionadas con fallos en cribados de cáncer. Montero, por su parte, acusó al Partido Popular de planear un copago sanitario y de desentenderse de los ciudadanos más vulnerables. Gavira recordó a Montero las protestas por la mala calidad de la sanidad pública en la época socialista, mientras ella defendió su propuesta de financiación autonómica que, aseguró, aportaría 5.700 millones más para Andalucía.
Moreno criticó ese modelo propuesto por Montero y Junqueras, argumentando que beneficiaba a Cataluña, mientras Maíllo consideró que la oferta era una base válida para negociar. El debate se enconó con reproches personales: Maíllo criticó a Moreno por vivir de la política desde los 24 años sin haber trabajado fuera del ámbito político ni haber necesitado una beca. Moreno respondió señalando casos de corrupción en el PSOE, y García le recordó los escándalos del PP en Almería.
Cuando Moreno presumió de la creación de empleo, García le replicó que la tasa de paro en Andalucía ha aumentado desde su llegada al poder. Maíllo acusó al presidente de aplicar una ley de la selva en materia de vivienda. El encuentro político terminó con Moreno desbordado por la cantidad de documentos que le presentaron, llegando a tirar carpetas al suelo y mostrando un evidente desconcierto.
Este debate dejó claro que, más allá de las acusaciones cruzadas y las cifras, el formato tradicional de confrontación política sigue siendo un terreno difícil para Moreno, quien parece apostar por otros métodos para conectar con el electorado.























