El insomnio se ha convertido en un problema creciente en nuestra sociedad actual, donde millones de personas luchan diariamente por conciliar el sueño. Este trastorno, uno de los más comunes, está afectando a un número cada vez mayor de la población. Según especialistas, la transformación de los hábitos de vida, el uso excesivo de pantallas y la hiperconectividad están alterando significativamente nuestra forma de dormir.
La doctora Carla Estivill, directora de la Clínica del Sueño Estivill, ha señalado que en los últimos años ha habido un notable cambio en el perfil de los pacientes que buscan ayuda. «Anteriormente, la falta de sueño no se consideraba un problema serio. Había un alto nivel de infradiagnóstico, sobre todo en casos de ronquidos e insomnio», comentó Estivill. Aunque este fenómeno sigue siendo común, hoy se reconoce que puede tener repercusiones graves para la salud.
El insomnio no solo provoca cansancio o somnolencia, sino que también puede tener efectos perjudiciales en la salud cardiovascular. En la Clínica del Sueño Estivill, se diagnostican y tratan diversas patologías asociadas al descanso. «Existen más de treinta trastornos relacionados con el sueño, y la mayoría de ellos tienen un origen neurológico», explicó la doctora. Para diagnosticar estas condiciones, se utilizan pruebas como la polisomnografía nocturna, que permite evaluar la estructura del sueño del paciente a lo largo de una noche completa.
Un aspecto preocupante es el aumento significativo de casos de insomnio entre la población joven. «En la última década, hemos visto un aumento del insomnio en jóvenes que anteriormente no acudían a la clínica», afirmó Estivill. Este grupo ha experimentado un incremento de alrededor del 40%, un cambio que se relaciona con el contexto social actual. El insomnio rara vez se presenta de manera aislada; «es una manifestación de algo que no se está gestionando adecuadamente. No es solo una enfermedad, sino un reflejo de diversas causas», añadió.
La doctora Estivill destacó que uno de los cambios más significativos es la presión por ser productivos las 24 horas del día. El trabajo nocturno, la revisión constante del móvil o el consumo de contenidos a cualquier hora dificultan que el cuerpo mantenga sus ritmos naturales de sueño. Este problema afecta no solo a los jóvenes, sino que se ha generalizado en toda la población. «No nos permitimos momentos de desconexión, lo que ha reducido los espacios que el cerebro necesita para relajarse», comentó.
El uso de dispositivos electrónicos antes de dormir es un factor que impacta negativamente en la calidad del sueño. Las pantallas no solo prolongan el tiempo de conexión, sino que también alteran el funcionamiento del organismo. «Estamos expuestos a un tipo de luz que nuestro cerebro interpreta como una señal de alerta, lo que nos mantiene despiertos», explicó Estivill. La preparación para el sueño debería comenzar cuando se hace de noche, momento en el que el cerebro empieza a liberar melatonina. «No le estamos enviando el mensaje correcto», subrayó.
La doctora recomienda dedicar las últimas horas del día a actividades tranquilas, como la lectura, en lugar de utilizar el móvil. Un estudio revela que el 94% de la población tiene el móvil al alcance de la mano durante la noche, lo que retrasa el momento de dormir y resulta en la pérdida de hasta 45 minutos de sueño. Este tiempo perdido puede traducirse en somnolencia, irritabilidad y una mala gestión emocional al día siguiente.
En cuanto a la cantidad de horas necesarias de sueño, esta varía según la edad y el nivel de actividad, pero se sugiere que los adultos deberían dormir entre siete y ocho horas. No todas las noches de mal descanso indican un trastorno del sueño, aunque sí es importante prestar atención a la frecuencia con la que ocurren. «Un insomnio leve o moderado se define como experimentar insomnio un par de veces al mes», explicó Estivill.
La doctora también destaca las consecuencias físicas, emocionales y cognitivas del insomnio crónico, que puede incrementar el riesgo de obesidad y problemas cardiovasculares. «La idea de que «más vale la calidad que la cantidad» es un mito. La biología humana no evoluciona al mismo ritmo que la sociedad», concluyó.
La investigación en el campo del sueño avanza continuamente, y se están descubriendo nuevos mecanismos sobre cómo se construye el sueño. Actualmente, se están desarrollando nuevos medicamentos que actúan de manera más específica sobre los receptores relacionados con el sueño, lo que podría abrir nuevas posibilidades para el tratamiento de los trastornos del sueño.












