El doctor Darío Fernández explica el impacto del SIBO en la salud intestinal

El SIBO afecta al 15% de la población sana y altera la absorción de nutrientes esenciales

Darío Fernández, médico de familia y psicólogo clínico en la Clínica Legasti de Madrid, ha detallado en una entrevista con Carlos Moreno «El Pulpo» en el programa «Poniendo las Calles» las causas y consecuencias del SIBO, o Sobrecrecimiento Bacteriano en el Intestino Delgado.

El experto ha descrito el SIBO como un desequilibrio en el ecosistema intestinal, donde bacterias que deberían residir en el colon migran y proliferan en el intestino delgado, generando un exceso inapropiado. Estas bacterias producen gases como hidrógeno y metano, lo que contribuye a los síntomas que experimentan los afectados.

Según Fernández, este trastorno es más frecuente de lo que se suele pensar, afectando aproximadamente al 15% de personas consideradas sanas. Los síntomas incluyen intolerancia a casi todos los alimentos, digestiones pesadas, dolor abdominal, hinchazón, gases, y alteraciones en el tránsito intestinal con episodios de diarrea o estreñimiento. Además, estos problemas físicos suelen derivar en trastornos psicológicos como ansiedad, malestar, estrés, depresión y aislamiento social, condicionando incluso la vida social al requerir la localización constante de un baño.

El médico ha destacado que el SIBO también afecta la absorción de vitaminas y minerales esenciales, lo que puede provocar fatiga y anemias. Esto ocurre porque las bacterias consumen vitamina B12, ácido fólico y hierro para su propio metabolismo, generando déficits en el organismo.

El desarrollo del sobrecrecimiento bacteriano está vinculado a fallos en los mecanismos de control intestinal. Entre las causas señaladas se encuentran alteraciones en la movilidad del intestino, disminución del ácido clorhídrico en el estómago, que actúa como barrera germicida, y disfunciones en la válvula ileocecal, que normalmente impide el paso de bacterias desde el colon al intestino delgado. También influyen problemas inmunológicos.

Existen perfiles más vulnerables al SIBO, como personas con baja producción de jugo gástrico, quienes abusan de medicamentos protectores gástricos como el omeprazol, pacientes con motilidad intestinal reducida, diabetes, hipotiroidismo, presencia de divertículos intestinales o intervenciones quirúrgicas recientes en el intestino. La edad avanzada y la insuficiencia pancreática también aumentan el riesgo.

El diagnóstico se realiza mediante análisis de sangre para detectar deficiencias vitamínicas, especialmente de las vitaminas B12 y D, complementado con un test de aliento que mide los gases producidos por las bacterias. Estas pruebas, junto con la evaluación clínica, permiten confirmar la presencia del SIBO.

En cuanto al tratamiento, Fernández indica que es multidimensional. El antibiótico más empleado es la rifaximina, que logra una eficacia cercana al 60%. Sin embargo, la dieta es fundamental, recomendándose una alimentación baja en FODMAP durante seis a ocho semanas bajo supervisión profesional. Esta dieta limita ciertos hidratos de carbono fermentables y puede incluir la incorporación gradual de probióticos.

Entre los alimentos aconsejados para quienes padecen SIBO están verduras como tomate, calabacín y espinaca; proteínas sin procesar como carne, pescado y huevos; y tubérculos como la patata. También se recomiendan harinas de maíz o trigo sarraceno, frutas como piña, plátano, kiwi y fresas, y edulcorantes naturales como stevia o sacarina. Por el contrario, durante la fase aguda se deben evitar alimentos fermentados como kéfir, chucrut y yogures.

El doctor Fernández subraya que el abordaje no debe limitarse solo a la dieta. Es crucial mantener un buen descanso, realizar ejercicio regularmente, reducir el estrés y evitar el uso indiscriminado de antibióticos. Su recomendación final para los pacientes es clara: acudir a especialistas con conocimiento profundo del tema, evitar la automedicación y no centrarse únicamente en la alimentación sin supervisión.

Redacción

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