En un contexto de abundancia alimentaria sin precedentes, sorprende que un número creciente de personas recurra a la suplementación. Aunque algunos profesionales de la salud respaldan esta práctica, la evidencia científica indica que, en la mayoría de los casos, los suplementos no solo son innecesarios, sino que también pueden resultar peligrosos.
La recomendación de «supervitaminarse y mineralizarse», popularizada por Súper Ratón hace décadas, ha cobrado relevancia en la actualidad. Sin embargo, la realidad es que, a excepción de situaciones específicas como el embarazo o deficiencias nutricionales, los nutrientes que necesitamos se pueden obtener a través de una dieta equilibrada.
El auge de la suplementación comenzó en el siglo XX, cuando la falta de alimentos provocó deficiencias nutricionales. Hoy, con la variedad de alimentos disponibles, la dependencia de suplementos debería ser cosa del pasado. El marketing ha creado una ilusión en torno a estos productos, haciendo creer que son esenciales para la salud.
En el ámbito legal, los suplementos, conocidos también como «complementos alimenticios», están regulados bajo la normativa alimentaria. Sin embargo, a diferencia de los medicamentos, no necesitan demostrar eficacia clínica para ser comercializados. Esto ha llevado a que muchos productos se asemejen más a fármacos en su presentación, lo que puede inducir a error al consumidor.
Un reciente estudio que analizó el comportamiento de más de 20.000 consumidores de suplementos no encontró evidencia objetiva que justifique su uso. Aunque algunos usuarios aseguran sentirse mejor al consumirlos, los análisis no respaldan estas afirmaciones. Además, el escaso control sobre la composición de los suplementos puede conllevar riesgos serios para la salud, incluyendo la adulteración con sustancias no declaradas.
El negocio detrás de la suplementación es vasto, con un ecosistema de fabricantes que permite a los influencers crear su propia línea de productos en cuestión de días. Estos intermediarios diseñan fórmulas que pueden ser comercializadas bajo diversas marcas, a menudo con mensajes que prometen beneficios que no siempre están respaldados por la ciencia.
La promoción de suplementos en redes sociales ha llevado a un aumento en la difusión de afirmaciones de salud que, según investigaciones, son mayoritariamente inadmisibles. En España, una gran parte de las resoluciones relacionadas con publicidad de suplementos ha sido por incumplimientos legales, demostrando que la vigilancia es insuficiente ante el volumen de mensajes que circulan.
En conclusión, aunque los suplementos pueden tener un lugar en situaciones específicas, su uso generalizado es cuestionable. La salud pública corre riesgo al fomentar un consumo que, en muchos casos, no aporta los beneficios prometidos y puede incluso acarrear peligros.













