Un estudio reciente de origen danés, publicado en la revista Radiology, ha puesto de manifiesto que la crioablación, una técnica mínimamente invasiva, presenta resultados de eficacia comparables a otros tratamientos más habituales para tumores renales pequeños y localizados. Esta técnica, utilizada por radiólogos vasculares e intervencionistas, favorece estancias hospitalarias más breves, lo que representa un avance significativo en el tratamiento de este tipo de cáncer.
Según la Sociedad Española de Radiología Vascular e Intervencionista (SERVEI), la crioablación consiste en destruir el tejido tumoral mediante la aplicación de frío extremo. Este proceso se realiza guiado por imágenes, como tomografía computada o ecografía, introduciendo criosondas directamente en el tumor. Posteriormente, se aplican ciclos de congelación rápida utilizando gas argón, seguidos de descongelación, y finalizando con un último ciclo que provoca el estallido de las células cancerosas, preservando el tejido renal sano circundante.
El estudio, que analizó casi 2.000 pacientes, demuestra que los resultados obtenidos con la crioablación son similares a los de la resección quirúrgica y la nefrectomía, procedimientos más invasivos. Iben Lyskjær, profesora en el Departamento de Medicina Clínica de la Universidad de Aarhus y principal autora del estudio, señala: «Esperamos que este hallazgo brinde mayor confianza a médicos y pacientes a la hora de optar por un tratamiento menos invasivo cuando sea adecuado». Su objetivo no es reemplazar la cirugía, sino asegurar que los pacientes reciban la atención más apropiada para su enfermedad.
La crioablación es especialmente beneficiosa para pacientes con tumores renales menores de 4 centímetros, aquellos con comorbilidades importantes o edad avanzada que incrementa el riesgo en cirugías mayores, así como para aquellos con tumores en localizaciones complejas. También puede ser considerada por pacientes más jóvenes que desean evitar los riesgos quirúrgicos.
El doctor David Jiménez Restrepo, radiólogo intervencionista en el Hospital General Universitario de Valencia, destaca que este estudio proporciona evidencia sólida sobre la efectividad y seguridad de la crioablación, apoyando su uso en la práctica clínica. Con un seguimiento a largo plazo de hasta diez años, los resultados son representativos de la práctica clínica habitual, con menos complicaciones y estancias hospitalarias significativamente cortas.
Pese a estos resultados positivos, Jiménez Restrepo lamenta el desconocimiento que todavía persiste, incluso entre algunos médicos, sobre esta técnica. «Afortunadamente, cada vez más nuestros resultados están convenciendo a urólogos y oncólogos de que la crioablación es una excelente alternativa, comparable en eficacia a la cirugía, siempre que se sigan las indicaciones adecuadas», concluye.













