Un reciente estudio de la Universidad de Linköping, en Suecia, ha confirmado la importancia del juego para estrechar la relación emocional entre perros y sus dueños. Esta investigación demostró que dedicar unos minutos adicionales diarios a juegos cooperativos con la mascota mejora el vínculo afectivo en pocas semanas.
La profesora Lina Roth, especialista en Etología, explica que no basta con lanzar un juguete sin prestar atención al animal. El estudio se centró en tres grupos de dueños: uno que aumentó el tiempo de juego, otro que siguió un programa de entrenamiento formal y un grupo control que mantuvo su rutina habitual. Tras cuatro semanas, los propietarios que jugaron más activamente con sus perros reportaron una conexión más fuerte y percibieron una respuesta positiva similar en sus mascotas.
El factor clave es la interacción social consciente. Roth subraya que actividades como el tira y afloja, perseguirse mutuamente o jugar al escondite, aunque sean breves, marcan una diferencia notable cuando se realizan con presencia plena. «Solo cinco minutos adicionales de juego de calidad pueden cambiar la actitud tanto del dueño como del perro», asegura.
Por su parte, Pepe Bolaño, miembro de la Comisión de Bienestar de la Real Sociedad Canina de España, refuerza esta idea y destaca que el beneficio real viene del juego cooperativo, que fomenta la participación mutua y aprovecha la naturaleza social del perro, un animal domesticado durante miles de años para convivir con humanos.
El adiestrador Borja Fernández añade que la calidad del tiempo es fundamental. En una sociedad acelerada, es habitual que los dueños estén distraídos con otros asuntos mientras juegan con sus perros, lo que provoca que las mascotas busquen estímulos en otros perros o lugares, generando problemas de atención. «El perro muchas veces solo tiene a nosotros, por eso debemos estar realmente presentes en esos momentos», comenta.
Finalmente, Pedro Martínez, del Club Agility Euskadi, advierte que el juego debe ser controlado y consciente, no un simple ejercicio para agotar al animal. «La estimulación mental es tan necesaria como la física, y el juego puede ofrecerla si se adapta a cada perro», señala. Para perros adultos adoptados, el juego puede ser una herramienta valiosa para construir o reconstruir la relación afectiva, aunque en casos de animales con traumas es necesario abordar primero sus miedos.
En resumen, dedicar tiempo de calidad con juegos cooperativos y atención plena fortalece la relación entre perro y dueño, mejorando la convivencia y el bienestar de ambos.













