Víctor Manuel regresará el 31 de mayo a la sala Mozart del Auditorio de Zaragoza, donde presentará canciones de su último disco, «Solo a solas conmigo». Con 78 años, el cantautor asturiano se mantiene activo y con el mismo humor que siempre, recordando su último concierto en Zaragoza hace cuatro años, cuando sus fans celebraron que no estrenara ninguna canción nueva.
Durante un coloquio organizado por la Fundación Ibercaja en el Patio de la Infanta de Zaragoza, acompañado por Luis Alegre, Víctor Manuel reflexionó sobre su longevidad artística y el secreto para seguir en forma: «He llegado a esta edad sin darme cuenta. Siempre que acabo una gira pienso en la siguiente, en cómo seguir dando la lata». Para él, su profesión es un privilegio y un placer, muy diferente a trabajos más duros y rutinarios.
El artista destacó la importancia del público en su carrera, explicando que la conexión con los asistentes le otorga un poder especial que solo Dios y grandes artistas como Rosalía pueden tener. Sin embargo, también advierte sobre la necesidad de no creerse demasiado, ya que al bajar del escenario todo desaparece.
Conocido por no ocultar sus opiniones y compromiso político, Víctor Manuel no dudó en expresar su rechazo a los pactos que se están formando entre el PP y Vox en varias comunidades autónomas. «Todos estos anormales que vemos pactando ahora pasarán y no nos acordaremos de ellos», afirmó con contundencia, refiriéndose a la reciente alianza en Aragón que incluye la polémica cláusula de prioridad nacional.
Sobre este acuerdo, criticó que intenten normalizar una situación que a su juicio no lo es. También señaló que, aunque el PP podría beneficiarse de que Vox actúe de manera sumisa, parece que el líder de Vox, Santiago Abascal, seguirá dando problemas y complicaciones a los populares.
En el plano internacional, Víctor Manuel mostró su escepticismo hacia figuras como Donald Trump, a quien calificó de «gilipollas» y cuya imagen de invencibilidad se ha ido desvaneciendo con el tiempo.
El cantante recordó sus raíces y su trayectoria, destacando que siempre tuvo claro que no podía gustar a todo el mundo, lo que le permitió expresarse libremente sin miedo a perder seguidores o proyectos. A pesar de las dificultades, se siente satisfecho con su carrera y no arrepentido.
Finalmente, compartió su cariño por Zaragoza, ciudad en la que ha vivido momentos inolvidables y donde ha actuado en múltiples espacios, desde la plaza de toros hasta barrios emblemáticos. Recordó con nostalgia la vibrante escena cultural de los años setenta, ligada a movimientos como Andalan y figuras como Joaquín Carbonell, La Bullonera y José Antonio Labordeta, y especialmente la amistad con Emilio Lacambra, a quien extraña profundamente.














