La llegada de un perro golden retriever entrenado para terapia al aula del Colegio de Educación Especial Infanta Elena en Madrid ha transformado la actitud y expresión del pequeño Max, un niño de cuatro años con síndrome de Down. Su felicidad es palpable mientras acaricia y juega con el animal, demostrando cómo la presencia de un perro puede ser una herramienta poderosa para conectar con niños con discapacidad.
Este no es un caso aislado. En la sesión, tanto Max como sus compañeras Marieta y Lucía muestran una gran predisposición a participar. Según Carlota Blanco, directora del centro, estos momentos de interacción permiten que los niños trabajen aspectos esenciales de su desarrollo sin apenas darse cuenta. El perro actúa como un puente que capta su atención y despierta su curiosidad, facilitando su implicación en las actividades, algo que resulta más complicado mediante métodos tradicionales.
Además, el animal funciona como un regulador emocional. Blanco destaca que en algunos casos se percibe una especie de «anestesia emocional» que ayuda a los niños a calmarse y centrarse en el presente. Por ejemplo, una alumna que suele mostrar movimientos espásticos y mucha agitación experimenta una notable relajación durante estas sesiones.
Esta iniciativa se enmarca en la colaboración entre Purina España y el Programa de Talleres Asistidos con Animales de Dogtor Animal, que comenzó el pasado mes de marzo. El proceso de acercamiento a los perros está diseñado para superar el miedo inicial que presentan algunos alumnos sin experiencia previa con animales. Comienza con un contacto muy suave, como tocar con los pies, y avanza progresivamente hasta lograr una interacción directa que fortalece la confianza y seguridad de los niños.
El programa se ha desarrollado tras una evaluación previa del alumnado y en coordinación con el equipo educativo, incorporando perros específicamente entrenados para facilitar el bienestar emocional, la estimulación sensorial y la participación social. Según Blanco, se trata de un complemento respetuoso y adaptado a las intervenciones existentes en el centro.
Vanessa Carral, responsable de Dogtor Animal, aclara que aunque se hable de terapia, estos talleres no deben confundirse con intervenciones clínicas. La base del trabajo puede parecer similar, pero cambian la evaluación, los registros y el enfoque profesional. Sin embargo, las áreas que se trabajan son amplias, incluyendo memoria, atención, psicomotricidad, concentración, relaciones sociales, empatía y autoestima.
La experta insiste en que no cualquier perro puede participar en estos programas. Los animales deben ser equilibrados y entrenados desde cachorros, cuidando siempre su bienestar, ya que un perro incómodo no puede desempeñar esta labor.
Por su parte, el equipo docente del colegio ha sido fundamental en la implementación del proyecto, actuando como referencia y cofacilitador. Algunos profesores aseguran que los resultados obtenidos en estas sesiones son difíciles de alcanzar con otros métodos, no solo por lo que sucede durante la actividad, sino también por su efecto duradero.
Desde su inicio, los talleres se han dirigido a todo el alumnado, organizado en grupos según sus características generales. Resultan útiles tanto para niños con diversidad funcional que presentan dificultades en comunicación y socialización, como para aquellos con grandes necesidades de apoyo en varias áreas, incluyendo perfiles con necesidades médicas complejas o sensibilidad a estímulos como ruidos o cambios en la rutina.
Con esta iniciativa, Purina España reafirma su compromiso con proyectos inclusivos que sitúan en el centro el bienestar tanto de las personas como de los animales, consolidando las intervenciones asistidas como una valiosa herramienta de apoyo en entornos educativos especializados.














