El Hospital Universitario San Agustín de Avilés es un ejemplo de cómo la vocación médica puede traspasar generaciones. Durante más de cincuenta años, este centro ha visto cómo padres e hijos comparten el mismo entorno laboral, consolidando una tradición familiar en el ámbito sanitario.
Un caso emblemático es el de la familia Jiménez. Miguel Jiménez, jefe de la sección de Rehabilitación, es una figura respetada y querida por pacientes y compañeros. Sus hijas, Beatriz y Lucía, han seguido sus pasos aunque cada una en un área distinta: Beatriz en ginecología y Lucía en bioquímica clínica. Ambas reconocen que la influencia paterna fue decisiva para elegir sus carreras y ahora trabajan en el mismo hospital que su padre, donde valoran el equilibrio entre actividad profesional y trato cercano al paciente.
Beatriz, tras completar su residencia en Oviedo y acumular experiencia en otros hospitales, decidió regresar a Avilés por razones tanto profesionales como personales. Lucía, por su parte, tras especializarse en Madrid y trabajar en el Hospital Universitario Central de Asturias, también volvió a su ciudad tras la pandemia. Aunque al principio dudaba si la dimensión más pequeña del San Agustín limitaría su desarrollo profesional, la experiencia le demostró lo contrario, ya que el hospital permite un crecimiento activo, participación en investigación y desarrollo de proyectos.
Por otro lado, la trayectoria de Miguel Jiménez refleja también la evolución del hospital. Desde que llegó en 1990, el servicio de Rehabilitación ha crecido notablemente, pasando de atender principalmente a pacientes ingresados a extender su actividad a Atención Primaria y otros espacios. La demanda se ha triplicado mientras los recursos no han aumentado en la misma proporción, lo que genera una sobrecarga que limita actualmente las actividades complementarias.
Otra familia que representa esta unión profesional es la de los Muiña Mezquita. Óscar, con solo 22 años y recién graduado en Enfermería, se integra en el hospital donde sus padres, Matilde y Gustavo, también trabajan. Mientras Óscar buscaba una profesión con contacto directo con el paciente, su padre intentó disuadirlo por la dureza del trabajo sanitario. Matilde, jefa de la sección de Nóminas, recuerda las dificultades que tuvo para ser reconocida por sus méritos y no por su parentesco con un director del hospital.
El tamaño medio del Hospital San Agustín favorece no solo el desarrollo profesional en áreas clínicas sino también en la administración, permitiendo implantar proyectos piloto antes de extenderlos a otros centros. Así, este hospital no solo es un lugar de trabajo, sino también un espacio donde la vocación y la familia se entrelazan para mantener viva la atención sanitaria en Avilés.













