Un reciente estudio de la Universidad de Oviedo ha puesto de manifiesto que un alarmante 93% de los jóvenes en Asturias consume bebidas azucaradas, un hábito que se ha vuelto parte de su rutina diaria. Este análisis, realizado dentro del proyecto BREDA con más de 1.250 estudiantes de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y Bachillerato, indica que el consumo de refrescos, bebidas energéticas y deportivas es especialmente elevado, siendo los refrescos los más populares entre los adolescentes.
El informe detalla que este consumo se normaliza con el paso del tiempo, siendo más frecuente en situaciones de ocio y socialización. Los expertos advierten que la ingesta habitual de estas bebidas, que contienen altas cantidades de azúcar y cafeína, está asociada con problemas de salud significativos, incluyendo la obesidad y la diabetes tipo 2, así como trastornos del sueño.
El estudio, llevado a cabo por la Cátedra de Salud Comunitaria y Promoción de la Salud (ProSA), resalta que el consumo de azúcar líquido se ha convertido en una parte integral del estilo de vida adolescente. «Están enganchados», afirma la investigación, que considera este fenómeno como un nuevo desafío de salud pública.
Las cifras son reveladoras: el 66% de los adolescentes declara consumir bebidas azucaradas de forma habitual, mientras que un 27% las ingiere ocasionalmente y solo un 7% nunca las prueba. Además, se observa que seis de cada diez jóvenes beben refrescos de manera regular, mientras que cerca de un tercio recurre a las bebidas energéticas, un hábito que aumenta conforme avanza su educación.
En lo que respecta a las bebidas deportivas, la mayoría de los jóvenes, un 44%, no las consume en absoluto, y solo un 27% lo hace de forma habitual, generalmente vinculado a actividades deportivas específicas.
Los autores del estudio, entre ellos Judit Cachero-Rodríguez, María del Mar Fernández-Álvarez, Lucía Fernández-Arce, Carla Carrizo-Rodríguez, Cristina Fernández-Rodríguez y Rúben Martín-Payo, enfatizan la necesidad de conocer los patrones de consumo de los jóvenes y los contextos en los que se producen para poder desarrollar estrategias efectivas de promoción de la salud. «No es una moda. Es una rutina y es un problema», concluyen.
Ante estos hallazgos, los investigadores subrayan la urgencia de implementar intervenciones preventivas desde edades tempranas, con el objetivo de fomentar hábitos más saludables y mejorar la alfabetización nutricional entre los adolescentes. Igualmente, insisten en la importancia de una acción coordinada entre los sectores educativo, sanitario e institucional para contrarrestar una tendencia que ya se ha afianzado entre los jóvenes.













