La pérdida de masa ósea en astronautas de Artemis II y su impacto en la salud

La misión Artemis II revela el reto de la pérdida de masa ósea en el espacio y su relevancia para la salud.

La misión Artemis II, que explorará la cara oculta de la Luna, no solo representa un avance en la investigación espacial, sino que también plantea importantes cuestiones sobre la salud de los astronautas. Uno de los principales desafíos que enfrentan en condiciones de microgravedad es la pérdida de masa ósea, un fenómeno que podría tener implicaciones significativas para la salud general de la población, especialmente en el contexto de enfermedades como la osteoporosis.

La doctora Laia Gifre, portavoz de la Sociedad Española de Reumatología (SER) y especialista en el Hospital Universitari Germans Trias i Pujol de Badalona, explica que «durante las misiones espaciales, los astronautas experimentan una alteración en su salud musculoesquelética debido a la microgravedad, lo que resulta en una pérdida considerable de masa muscular y ósea».

Este problema se agrava en misiones prolongadas y puede tener consecuencias clínicas serias. En un entorno donde la gravedad es prácticamente inexistente, los huesos carecen de la carga mecánica necesaria para mantener su densidad y calidad. «La pérdida de masa ósea es notable, especialmente en la cadera, donde se estima entre un 1 y un 1,5% mensual», destaca Gifre. En misiones de más de seis meses, esta pérdida podría acumularse entre un 10 y un 26%.

Aunque los astronautas pueden recuperar parte de su masa ósea tras volver a la Tierra, este proceso puede ser lento y no siempre completo, requiriendo entre uno y tres años para alcanzar los niveles previos, y en algunas áreas, la recuperación puede no ser total. «La disminución de la masa ósea y muscular puede facilitar el desarrollo de fracturas», advierte la reumatóloga, además de otros problemas relacionados con la descalcificación.

Las misiones espaciales, como la de Artemis II, colocan a los astronautas en una posición histórica, pero también pueden acarrear riesgos significativos para su salud. Para mitigar estos efectos, se han implementado estrategias como el ejercicio físico y la administración de medicamentos. «El ejercicio, por sí solo, no es suficiente, pero cuando se combina con tratamientos para la osteoporosis, ha demostrado ser eficaz en la preservación de la cantidad y calidad ósea», señala Gifre.

En el contexto de Artemis II, aún no se ha revelado qué medidas se están tomando para prevenir la pérdida de masa ósea en los tripulantes. Más allá del espacio, los hallazgos de estas investigaciones tienen un impacto directo en la medicina terrestre. Situaciones como el reposo prolongado o lesiones medulares presentan mecanismos similares de pérdida ósea por falta de carga. «Los estudios realizados en estas condiciones son fundamentales para generar evidencia científica sobre la osteoporosis por desuso, que luego se aplica a los astronautas», concluye la experta.

En definitiva, la investigación en microgravedad no solo es crucial para futuras misiones espaciales, sino que también puede contribuir al diagnóstico, prevención y tratamiento de enfermedades óseas que afectan a millones de personas en todo el mundo.

Redacción

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