La osteoporosis, que históricamente se ha vinculado a personas de más de 65 años, está siendo diagnosticada de manera más temprana gracias a los avances en la identificación de factores de riesgo y a una mayor concienciación en el ámbito clínico. Aunque no se ha observado un aumento significativo de casos en la población joven, la detección en pacientes menores con factores de riesgo ha mejorado notablemente.
La doctora Montserrat Robustillo, reumatóloga en el Hospital Universitario de La Plana en Castellón, señala que «más que aparecer antes, se está detectando mejor la osteoporosis en quienes lo necesitan. Una persona que ya ha sufrido una fractura por fragilidad se considera de alto o muy alto riesgo osteoporótico». Factores como el uso prolongado de corticoides, enfermedades inflamatorias crónicas y la existencia de fracturas previas son determinantes en el desarrollo de esta patología.
Durante el XXV Curso SER de Tutores y Residentes, que contó con la colaboración de las biofarmacéuticas UCB y Amgen y un apartado especial titulado «Bone Edition», se destacó un cambio significativo en el diagnóstico de la osteoporosis. Este ha pasado de un enfoque reactivo a uno claramente preventivo. «Es posible que antes se esperase a que apareciera una fractura, pero ahora intentamos adelantarnos poniendo atención en los factores de riesgo osteoporótico», añadió la experta.
Los profesionales de la salud ahora combinan factores clínicos con herramientas como la densitometría ósea para identificar el riesgo de forma precoz. Un cambio clave en el abordaje de la enfermedad es que «una fractura previa ya es, en sí misma, un criterio diagnóstico de osteoporosis, aunque la densitometría no sea muy baja, lo que nos obliga a actuar de forma más precoz». Las recomendaciones actuales sugieren realizar densitometrías cuando existen factores de riesgo relacionados con la osteoporosis, enfatizando que la edad no es el único criterio determinante.
La doctora Robustillo aclara que «si hay factores de riesgo, se debe hacer antes si la situación clínica lo precisa», subrayando la importancia de individualizar cada caso. Actualmente, la estratificación del riesgo osteoporótico se basa en un enfoque integral que va más allá de una prueba única. «No nos basamos en una sola herramienta. Integramos los factores clínicos del paciente, utilizamos herramientas como la calculadora FRAX y recurrimos a pruebas de imagen como la densitometría ósea. Además, se tiene en cuenta si ya se ha tenido una fractura previa», explicó.
Este enfoque permite clasificar a los pacientes en distintos niveles de riesgo – moderado, alto o muy alto – y adaptar las estrategias terapéuticas para prevenir fracturas y manejar mejor una enfermedad que sigue siendo una de las principales causas de discapacidad en la población envejecida. Los avances en el abordaje de esta afección han permitido mejorar notablemente los resultados en los últimos años.
La experta destaca especialmente la mejor identificación del riesgo más allá de la densitometría, la atención a pacientes con fracturas previas gracias a las unidades de coordinación de fracturas (FLS), que permiten una intervención más rápida y eficaz, así como la disponibilidad de tratamientos más eficaces junto con estrategias cada vez más personalizadas. «Todo esto nos está permitiendo ser más proactivos y no esperar a que ocurra la fractura», concluyó.













