La borrasca de alto impacto Therese, que afectó a Tenerife durante al menos ocho días a finales de marzo, ha puesto de manifiesto la persistencia del problema de los vertidos al mar en la isla. Las playas del sur, como Los Cristianos y Las Vistas, fueron escenario de una alarmante dualidad: mientras los niños jugaban en el agua, en la orilla, los socorristas trabajaban protegidos con guantes y mascarillas, rodeados de toallitas y residuos contaminantes.
Un usuario habitual de estas playas, que prefirió permanecer en el anonimato, compartió su preocupación: «Conozco amigos que, después de años, todavía tienen en su cuerpo la bacteria E.coli, y todo por surfear aquí». Su testimonio se suma a las declaraciones de otros bañistas que, tras las lluvias, sufrieron vómitos y diarreas, evidenciando el impacto de la contaminación en la salud.
Una de estas personas, que padeció síntomas severos, reveló que en el centro de salud le preguntaron si había estado en la playa, indicando que muchos más presentaban problemas similares. Este patrón se repite con frecuencia, especialmente después de las lluvias intensas, cuando las playas permanecen abiertas, pero con banderas rojas, sin que se cierre el acceso a los bañistas.
Carla Henríquez, surfista y activista, expresó su frustración tras no haber podido entrenar por los riesgos de contaminación. Recordó cómo, hace trece años, enfermó gravemente tras surfear en días de lluvia, una experiencia que ha vivido en más de una ocasión. «Cuando llueve, sabemos que no es seguro entrar al agua», afirmó.
En 2024, Canarias registró un elevado número de incidentes de contaminación, representando un 10,4% del total en España, según el Informe Nacional de Calidad de Aguas de Baño. Estos episodios, relacionados con la presencia de E.coli y Enterococos, son consecuencia de la mezcla de aguas pluviales y residuales que se producen durante las tormentas.
El profesor jubilado de Química Ambiental, Julio Muñiz Padilla, explicó que, durante las lluvias fuertes, los desbordamientos de las estaciones depuradoras y otras infraestructuras hacen que se viertan al mar mezclas de aguas, lo que contribuye a la proliferación de bacterias perjudiciales.
El 25 de marzo, este medio preguntó al Ayuntamiento de Arona sobre el estado de las playas y las razones por las que los socorristas estaban equipados con guantes y mascarillas. Hasta el momento, no han recibido respuesta. En Adeje, se afirmó que solo se colocaron banderas rojas por el estado del mar, sin advertir sobre la calidad del agua.
Las muestras de agua tomadas recientemente en las playas de Arona y Adeje revelaron que, a pesar de ser consideradas aptas para el baño, se encontraron niveles de E.coli y Enterococos que superan los valores seguros. Este escenario plantea serias dudas sobre la efectividad de los controles y la gestión de los vertidos en la región, donde se concentran la mayoría de los puntos de vertido de Canarias.
La situación ha generado un creciente malestar entre los ciudadanos, quienes exigen acciones más contundentes para abordar los vertidos y proteger la salud pública. La falta de respuestas por parte de las autoridades locales solo añade incertidumbre a una problemática que parece no tener solución a corto plazo.












