La llegada del horario de verano en España, que se producirá en la noche del 28 al 29 de marzo, trae consigo el adelanto del reloj de las 2 h a las 3 h. Este ajuste, aunque parece insignificante, tiene repercusiones en la salud y el bienestar de las personas.
Durante los primeros días tras el cambio, es común que muchos experimenten dificultades para dormir, fatiga al despertar y una sensación de desajuste en sus rutinas diarias. Esto se debe a los ritmos circadianos, el sistema que regula los ciclos de sueño y vigilia en nuestro cuerpo. La luz natural es el principal sincronizador de este reloj biológico, y el cambio de hora obliga al organismo a un periodo de adaptación.
La psicóloga Lucía Miranda Cortés señala que, aunque muchas personas piensan que una hora no es un cambio significativo, el cerebro requiere reorganizar sus ritmos internos. Durante este proceso, es habitual experimentar mayor somnolencia, dificultades de concentración e irritabilidad.
El impacto del cambio horario se siente especialmente en la calidad del sueño nocturno. Algunas personas se ven obligadas a levantarse antes de completar su ciclo natural de descanso, lo que puede traducirse en una disminución de la energía y un estado de ánimo alterado.
El efecto del cambio de hora no es uniforme en toda la población. Aquellos que suelen dormir pocas horas son los más afectados, así como los adolescentes, cuyos ritmos biológicos tienden a retrasar la hora de dormir. Por su parte, las personas mayores pueden experimentar un proceso de adaptación más lento. Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores, explica que con la edad el sueño se fragmenta más fácilmente y el reloj biológico pierde capacidad para ajustarse a cambios externos, lo que puede ocasionar despertares nocturnos y mayor cansancio al despertar.
Los expertos coinciden en que, aunque estos efectos son temporales, mantener hábitos de sueño regulares y exponerse a la luz natural puede facilitar la adaptación al nuevo horario. Para ayudar en este proceso, se recomienda realizar pequeños ajustes en los días previos al cambio y cuidar las rutinas de sueño. Según Miranda Cortés, cuando el descanso se ve alterado durante varios días, es normal que surjan irritabilidad y menor tolerancia al estrés. En la mayoría de los casos, esta situación mejora a medida que el organismo se adapta, pero si persiste durante semanas, es aconsejable consultar a un especialista.













