La asociación de Bodegas Familiares de Rioja ha presentado la añada 2025 en un evento celebrado en Logroño, que ha reunido a más de 700 profesionales del vino y aficionados. Este encuentro ha puesto de manifiesto la diversidad y la riqueza de una región vinícola que, aunque alberga más de 600 bodegas, concentra el 80% de su producción en unos cuarenta grandes productores.
A lo largo de la jornada, cincuenta y una bodegas exhibieron sus vinos, que incluyen desde cosechas recientes hasta botellas que han permanecido en reposo durante años, así como pequeñas producciones difíciles de encontrar. Este evento ha permitido poner de relieve el creciente interés por los vinos de parcela y las variedades autóctonas, que, tras años en el olvido, están resurgiendo con fuerza en la Rioja.
No siempre ha sido así. En 1988, el enólogo Juan Carlos Sancha ya defendía la importancia de cuidar la tradición y la diversidad de variedades como la maturana, el tempranillo blanco y el monastrell. Hoy, sus enseñanzas se reflejan en el trabajo de muchos de sus alumnos, quienes apuestan por la sostenibilidad y la longevidad de los viñedos.
Entre los viticultores que han seguido esta senda se encuentra Berta Valgañón, quien, tras cuatro generaciones de viticultores, se ha aventurado a elaborar su propio vino. En las tierras de sus ancestros ha descubierto variedades olvidadas, como la calagraño centenaria, que ofrece una acidez excepcional. También destaca Pilar Fernández Eguiluz, que ha dado vida a su marca La Cantarada, creando vinos de culto a partir de pequeñas producciones de viñedos antiguos.
El espíritu innovador también se puede ver en Alejandro Perfecto, quien, al dejar su trabajo en una cooperativa, fundó su propia bodega llamada Temerario. Aquí, elabora vinos frescos y con carácter, manteniendo las tradiciones de su comarca. Su producción, aunque predominantemente local, comienza a hacerse un hueco en mercados como el de Bizkaia.
La conexión con las generaciones pasadas es un tema recurrente entre los jóvenes viticultores. Por ejemplo, David Fernández, de Bodegas Abaica, y su hermano han decidido mantener una mezcla tradicional en su vino, mientras que Lucía Abando, de Las Orcas, lleva a cabo microvinificaciones que resaltan las particularidades de su terroir en Laguardia.
Sin embargo, la Rioja también respeta su legado clásico. Bodegas como Urbina, con cinco generaciones de historia, continúan ofreciendo crianzas prolongadas a precios competitivos, mientras que Carmen Pérez Garrigues renueva el legado de los vinos icónicos con su marca Villota.
El evento culminó con la cata ciega organizada por Bodegas Familiares de Rioja, donde Francisco Javier Pozo, sumiller de El Corral de la Morería, fue reconocido como el Mejor Sumiller de la Otra Rioja, tras superar a otros 50 profesionales en una prueba exigente.
La añada 2025 representa un paso más en la evolución de una Rioja que mira hacia el futuro sin olvidar su rica historia vinícola.













