En el corazón de Catalunya, Osona se revela como un destino gastronómico de primer orden, donde la calidad y la tradición se combinan para ofrecer experiencias culinarias inolvidables. Lejos de las grandes ciudades, esta comarca demuestra que la excelencia no entiende de tamaño ni de ubicaciones.
Nandu Jubany es una referencia ineludible en la cocina catalana. Desde la apertura de su restaurante en 1995, ha apostado por una propuesta clara y firme: centrarse en lo que mejor sabe hacer sin artificios innecesarios. Su canelón de pollo con «rossinyols» y trufa estival es un emblema que ha conquistado a numerosos comensales a lo largo de los años, consolidándose como un plato icónico de la región.
Por su parte, Gerard Fortuny, con apenas 27 años, ha creado en Centelles un espacio donde la alta cocina se desarrolla con calma y respeto. Su paso por cocinas reconocidas como la de Jubany, Els Brancs o Andreu Genestra le ha permitido construir un estilo propio que mezcla la tradición catalana con toques de vanguardia, describiendo su propuesta como un cruce entre Gaig y El Bulli.
En la pequeña localidad de Malla, con apenas 285 habitantes, Joan Font decidió reiniciar su carrera en la restauración. Su restaurante Els Estudis destaca por platos que han dejado huella, como el filete Wellington, que habría sido del agrado de clientes habituales como Johan Cruyff.
La apuesta por ingredientes frescos y de proximidad también está presente en L»Horta, donde Jordi Coromina desarrolla una cocina basada en hortalizas y combinaciones armoniosas que aportan un carácter distintivo y una voz gastronómica que merece ser seguida de cerca.
En la zona del Collsacabra, Ignasi Camps y Laia Cano llevan adelante un proyecto donde el mercado no marca las reglas, sino que la propuesta se construye con un discurso propio. Su restaurante Ca l»Ignasi es un ejemplo de cómo la cocina puede convertirse en una declaración de intenciones, con platos que transmiten más allá del simple sabor.
Finalmente, la longevidad también es un valor en Osona. El Ferrer de Tall, con más de cinco décadas de historia, representa el clásico bar de pueblo donde se ofrece un menú del día que mantiene la esencia y la calidad, un refugio para quienes buscan sabores auténticos y caseros.
En definitiva, Osona se presenta como un territorio donde la gastronomía catalana se vive con intensidad y respeto, desde propuestas tradicionales hasta reinterpretaciones modernas, sin perder nunca la raíz ni la honestidad en el plato.













