Han Kang limita a 100 firmas su presencia en Sant Jordi y pasea tranquila por Barcelona

La Nobel surcoreana firmó solo 100 libros en Sant Jordi y evitó el bullicio con un paseo solitario

En pleno corazón de Barcelona, la escritora surcoreana Han Kang, galardonada con el Nobel, protagonizó una jornada atípica durante la celebración de Sant Jordi. Lejos del tumulto habitual que inunda las calles, la autora optó por un paseo tranquilo y anónimo por el paseo de Gràcia antes de que los puestos desplegaran sus libros.

A pesar de que se le había advertido sobre la afluencia masiva que caracteriza esta festividad, Han Kang evitó el bullicio, consciente de su preferencia por la discreción y la calma. Esta actitud se reflejó también en la estrategia de firmas organizada por su editorial, Random House, que limitó a solo 100 ejemplares el número de dedicaciones durante un evento cuidadosamente controlado en el patio de La Central del Raval.

El espacio elegido permitió que los lectores pudieran abstraerse del gentío gracias a una cola ordenada y un sistema de papeletas numeradas, un método poco común en este tipo de encuentros literarios. Algunos asistentes conservaron las papeletas como recuerdo, además de obtener la firma. Sin embargo, otros tantos seguidores se quedaron sin la firma deseada, resignados a la imposibilidad de que la autora ampliara el cupo prometido.

Este control riguroso se entendió mejor tras la experiencia vivida días antes en el CCCB, donde Han Kang se mostró abrumada por la presión de casi 400 personas que intentaron conseguir su autógrafo de un total de 750 asistentes al acto.

Entre los afortunados que lograron la firma, predominaban jóvenes que, además de sus libros, portaban obsequios para la autora, desde un dragón de peluche hasta poemas y flores, regalos que Han Kang recibió con una ceremonia de respeto y atención. Su traductora, Eun Jin, se encargaba de anotar con esmero los nombres de los lectores, que la escritora copiaba con dedicación.

Una de las lectoras, Miriam, de 29 años y originaria de Canarias, recordó el impacto que le causó su primera lectura de La vegetariana, destacando la fuerza y complejidad que percibió en la obra y su deseo de seguir explorando la narrativa de la autora.

Los libros firmados cubrieron varias lenguas, desde inglés y chino —donde Han dejó su dedicatoria en lo que se presume es mandarín— hasta una edición en húngaro de La clase de griego. También se firmaron ejemplares de Actos humanos, una de las obras favoritas del editor Abert Puigdueta, quien acompañó a la autora durante toda la jornada.

Para Seoyoon, una joven coreana residente en Barcelona desde hace más de una década, esta cita fue una forma de reconectar con sus raíces culturales y literarias. Prometió volver a leer a Han Kang en su idioma natal cuando regrese a Corea el próximo verano.

En persona, Han Kang mostró una actitud mucho más relajada que la que se podría suponer a partir de sus novelas pausadas y silenciosas. Con una sonrisa difícil de interpretar, entre tímida y amable, manifestó sentirse «encantada» con la fiesta de Sant Jordi, aunque también se protegió con reservas ante el bullicio que esta conlleva.

Redacción

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