La escritora surcoreana Han Kang, galardonada con el Nobel de Literatura, protagonizó una jornada muy medida en Barcelona en el marco de la celebración de Sant Jordi. Lejos del tumulto habitual de esta fiesta literaria, la autora optó por un paseo solitario y anónimo por el paseo de Gràcia antes de que las casetas comenzaran a instalarse.
Han Kang es conocida por su carácter reservado, evitando entrevistas y fotografías, y así lo demostró firmando únicamente 100 ejemplares durante la sesión organizada por su editorial, Random House. Esta firma tuvo lugar en el recogido patio de La Central del Raval, donde una cola perfectamente ordenada y un sistema de papeletas numeradas permitió contener el número de asistentes, una medida necesaria tras la experiencia del pasado martes en el CCCB, donde alrededor de 400 personas intentaron conseguir una dedicatoria, superando con creces la capacidad del evento.
Entre los asistentes que lograron la firma predominaban los jóvenes, muchos de ellos llevando obsequios para la autora, desde un dragón de peluche hasta poemas o flores, que Han Kang recibió con solemnidad. Su traductora, Eun Jin, anotaba los nombres de los afortunados para que la escritora pudiera dedicarlos con mimo y atención.
Una lectora canaria, Miriam, recordó el impacto que le causó la primera lectura de La vegetariana, destacando la fuerza intangible de la narrativa de Han Kang y su deseo de seguir profundizando en su obra. Los libros firmados incluyeron ediciones en inglés, chino —con dedicatoria en mandarín— e incluso una versión en húngaro de La clase de griego, junto a títulos como Actos humanos, preferido del editor Abert Puigdueta, quien acompañó a la autora durante toda la jornada.
Seoyoon, joven coreana residente en Barcelona desde hace más de una década, valoró la oportunidad de reencontrarse con su cultura a través de la literatura y aseguró que retomará la lectura de Han Kang en su idioma natal cuando regrese a Corea.
En el trato cercano, Han Kang mostró una actitud más relajada, con una sonrisa difícil de interpretar, entre tímida y amable, expresando estar «encantada» con la celebración, a la que asistió manteniendo la distancia que su personalidad requiere. Así, la jornada de Sant Jordi ofreció un contrapunto de calma y discreción en medio del habitual bullicio, reflejando la singularidad de una autora que prefiere la introspección.














