El 15 de enero, el Comité de Comercio, Ciencia y Transporte del Senado de Estados Unidos llevó a cabo una audiencia en la que se discutió el efecto del tiempo frente a pantallas en niños y adolescentes. Durante la sesión, el senador republicano Ted Cruz, presidente del comité, destacó que los menores pasan entre cinco y ocho horas diarias en dispositivos electrónicos. Cruz caracterizó este fenómeno como «una infancia basada en el teléfono móvil» y lo relacionó con una crisis en salud mental, aprendizaje y creatividad.
Uno de los expertos que asistió, el neurocientífico Jared Horvath, afirmó sin titubeos que «nuestros hijos son menos capaces cognitivamente que nosotros a su edad». Según Horvath, la generación Z, que incluye a quienes nacieron entre 1997 y 2012, sería la primera en obtener peores resultados en diversas pruebas cognitivas como atención, memoria, lectura y matemáticas, a pesar de estar más años escolarizada. La última evaluación PISA, realizada en 2022 por la OCDE, reveló un descenso sin precedentes en matemáticas y lectura en comparación con 2018, mientras que en ciencias los resultados se mantuvieron estables.
Sin embargo, algunos investigadores consideran que esta afirmación es excesivamente simplista. «Decir que la generación Z es menos inteligente es una sobregeneralización sin base científica», comentó José César Perales, catedrático de psicología en la Universidad de Granada. Perales argumenta que no se puede hablar de una disminución general de la inteligencia, ya que los datos disponibles muestran tendencias diversas según el país y la habilidad evaluada.
El catedrático de psicología diferencial en la Universidad Autónoma de Madrid, Roberto Colom, también criticó la universalidad del diagnóstico de Horvath. Aunque en algunas regiones de Europa se han registrado descensos recientes, en otros lugares aún se observan incrementos en las capacidades intelectuales. Colom sugiere que puede haber una reducción en la exigencia cognitiva dentro del entorno educativo, lo que influye en el desarrollo de habilidades.
Además, un reciente meta-análisis de 71 estudios indica que el uso intensivo de plataformas de vídeos cortos, como TikTok e Instagram Reels, se asocia con un deterioro en la salud cognitiva y mental. Sin embargo, Perales advierte que estos resultados deben ser interpretados con precaución, ya que no se debe confundir correlación con causalidad. El uso de dispositivos está íntimamente relacionado con el contexto social y educativo, así como con las actividades realizadas con ellos.
Los datos no muestran un deterioro uniforme. Investigaciones recientes realizadas en España sugieren que, aunque el manejo de números ha disminuido, la capacidad de razonamiento se mantiene. Manuel Martín-Loeches, catedrático de psicobiología en la Universidad Complutense, enfatiza que el término «uso de pantallas» incluye una variedad de actividades que pueden tener efectos cognitivos diferentes.
El consenso entre los expertos es que el formato de lectura influye en la comprensión. La lectura en papel favorece una mejor memorización en comparación con la pantalla. Por lo tanto, aunque la digitalización puede ofrecer oportunidades educativas, no garantiza resultados superiores si no se aprovechan adecuadamente las posibilidades del formato.
Colom concluye que el debate sobre la generación Z refleja una transformación en el entorno cognitivo, impulsada por nuevas herramientas y un sistema educativo en evolución que puede haber reducido la exigencia en ciertos ámbitos. En lugar de considerar a esta generación como «menos inteligente», es más pertinente cuestionar qué habilidades estamos dejando de desarrollar y cuáles estamos potenciando.














