Eduardo Infante defiende la filosofía y critica la educación orientada solo al mercado laboral

Eduardo Infante reclama que la escuela forme ciudadanos y no solo trabajadores para el sistema productivo

Eduardo Infante, profesor de filosofía en un instituto de Gijón y autor del superventas «Filosofía en la calle», acaba de publicar la novela «Salvar a Sócrates» (Ariel), en la que alerta sobre la crisis de la democracia y la necesidad urgente de rescatar el pensamiento crítico en tiempos actuales.

Infante asegura que la herencia de Sócrates es fundamental para combatir una sociedad que prefiere la obediencia y la vida programada, en lugar de una existencia elegida y reflexiva. Según el docente onubense, el verdadero problema radica en que muchos jóvenes ven la democracia como un sistema fallido y se sienten atraídos por modelos autoritarios que recuerdan con nostalgia épocas pasadas, incluso la dictadura franquista, algo que le preocupa profundamente.

El profesor denuncia también el clima actual donde impera la falta de escucha y el afán por anular al que piensa diferente. Critica que políticos y ciudadanos caigan en un lenguaje violento y manipulador que destruye el diálogo y el respeto, poniendo en riesgo la convivencia democrática. Para Infante, la escuela debe ser un espacio para formar ciudadanos críticos y libres, capaces de pensar conjuntamente y asumir responsabilidades.

Sobre el papel de la educación en un contexto de inteligencia artificial y mercados laborales cambiantes, el autor apuesta por que los estudiantes sigan sus pasiones en lugar de elegir únicamente por la empleabilidad. «No hay mejor salida que ser excelente en lo que uno realmente ama», sostiene, desechando la idea de que estudiar solo para ganar dinero sea suficiente para alcanzar la excelencia profesional.

En cuanto al modelo educativo, Infante advierte que la OCDE, una organización económica, está condicionando la educación para producir trabajadores adaptados a sus intereses productivos. Por eso lanza una crítica contundente: «Si la función de la escuela es formar al trabajador del mañana, que sea Amazon quien pague esa educación». El profesor reivindica que la educación pública debe centrarse en formar ciudadanos libres y competentes, no empleados para un sistema empresarial.

Finalmente, defiende con énfasis la importancia de las humanidades en tiempos de inteligencia artificial. Mientras que las máquinas pueden realizar cálculos complejos, ninguna podrá reemplazar la capacidad humana para formular buenas preguntas. Las humanidades, además de su utilidad en el presente, tienen un valor intrínseco que no debe medirse solo por su aplicación práctica, sino por su contribución a la libertad y al pensamiento crítico.

Para Infante, estos saberes liberales son esenciales porque no son propios de siervos, sino de hombres y mujeres libres, un ideal que debe recuperarse para preservar la democracia y la convivencia en la sociedad actual.

Redacción

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