La jornada en Wall Street ha dejado un impacto significativo en los mercados internacionales, marcando un nuevo giro brusco. Al inicio de la semana, la posibilidad de conversaciones para mitigar el conflicto en Irán generó expectativas, las cuales se desvanecieron rápidamente después de que el país persa desmintiera cualquier contacto directo y rechazara una propuesta de alto el fuego presentada por Pakistán. Mientras tanto, los enfrentamientos continuaron en el terreno.
Wall Street, nuevamente, ha respondido con un fuerte castigo al riesgo geopolítico y al aumento de los precios de la energía, siendo las acciones tecnológicas las más afectadas por esta situación. En esta ocasión, el índice S&P 500 experimentó su peor jornada desde enero, cayendo un 1,7% hasta los 6.477,16 puntos. El Dow Jones perdió un 1% hasta situarse en 45.960,11 puntos, mientras que el Nasdaq se desplomó un 2,4% hasta los 21.408,08 puntos, lo que lo posiciona más de un 10% por debajo de su máximo histórico, entrando técnicamente en corrección. Además, el S&P 500 se dirige hacia su quinta semana consecutiva de pérdidas, la peor racha en casi cuatro años.
La presión en el mercado se ha visto impulsada nuevamente por el sector energético. El barril de Brent cerró a 88,09 euros, equivalente a 101,89 dólares, tras un aumento del 4,8%. Por su parte, el petróleo estadounidense de referencia terminó en 81,69 euros por barril, unos 94,48 dólares, con un incremento del 4,6%. Para poner esto en perspectiva, antes del inicio de la guerra, el Brent se encontraba alrededor de 60,52 euros por barril, equivalentes a aproximadamente 70 dólares.
La inquietud en el mercado se refleja en el aumento de la rentabilidad del bono estadounidense a diez años, que subió al 4,42% desde el 4,33% del miércoles. Este movimiento indica que los inversores están anticipando un escenario de inflación más persistente, lo que complica las expectativas de recortes de tipos por parte de la Reserva Federal, especialmente en un momento donde el mercado laboral muestra señales de moderación.
En Estados Unidos, las solicitudes iniciales de subsidio por desempleo aumentaron hasta 210.000 en la última semana, frente a las 205.000 anteriores. Aunque este dato sigue siendo bajo desde una perspectiva histórica, mantiene la atención sobre una posible desaceleración económica. La combinación de un menor impulso económico junto con el encarecimiento de la energía crea un escenario complicado para la Reserva Federal.
Las grandes empresas tecnológicas han sido las que más han amplificado la caída del mercado. Meta Platforms sufrió una caída del 8%, mientras que Alphabet retrocedió un 3,4%, tras un fallo judicial en Los Ángeles que responsabiliza a Instagram y YouTube en un caso sobre diseño adictivo en redes sociales. Este veredicto abre la puerta a futuras demandas, aunque las sanciones económicas actuales son mínimas en comparación con el tamaño de ambos grupos. Otras compañías como Nvidia y Amazon también vieron disminuciones en sus acciones, del 4,2% y 2%, respectivamente. En contraste, Apple logró evitar el castigo general con un leve aumento del 0,1%.
La aversión al riesgo no se limitó a Estados Unidos, ya que los mercados de Asia y Europa también sintieron el impacto. El DAX alemán cayó un 1,5%, el Hang Seng de Hong Kong un 1,9%, el Kospi surcoreano un 3,2% y el Nikkei 225 japonés un 0,3%. Esta situación confirma que la incertidumbre relacionada con Irán, el Estrecho de Ormuz y el precio del crudo sigue marcando el rumbo de los mercados globales.
El cierre de este jueves deja una señal clara: mientras no se produzca una desescalada verificable en Oriente Próximo, tanto el precio de la energía como el miedo a una inflación más alta seguirán condicionando la evolución de Wall Street.














