La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) estudia la posibilidad de incorporar el combustible Jet A, empleado principalmente en Estados Unidos y Canadá, como alternativa para aliviar la presión sobre las cadenas de suministro del sector aéreo, ante la actual situación de tensión en el mercado del queroseno.
El precio del combustible para aviación se mantiene en niveles muy elevados. La referencia global de la IATA alcanzó recientemente los 181,22 dólares por barril, aumentando un 1% respecto a la semana anterior. Por su parte, el queroseno tipo jet fuel en la zona del Golfo de Estados Unidos se situó en 4,163 dólares por galón el pasado 4 de mayo, equivalente a unos 175 dólares por barril, según datos de la Agencia Internacional de la Energía.
Stuart Fox, director de Operaciones Técnicas y Vuelo de la IATA, explicó que el Jet A comparte muchas características con el Jet A-1, que es el estándar utilizado en la mayoría de las operaciones internacionales. La diferencia principal radica en el punto de congelación, un factor clave para vuelos que atraviesan zonas con temperaturas muy bajas.
Además, Fox destacó que el Jet A cuenta con la ventaja de producirse a gran escala fuera de Oriente Próximo, lo que podría ofrecer mayor margen a las aerolíneas frente a posibles interrupciones en las rutas tradicionales de suministro. Esta mayor disponibilidad permitiría a las compañías europeas y de otras regiones operar con una flexibilidad similar a la de muchas aerolíneas canadienses, donde el uso combinado de Jet A y Jet A-1 forma parte de la operativa habitual en función de la temporada.
Orientaciones para la incorporación del Jet A
Para facilitar esta transición, la IATA junto con la Agencia Europea de Seguridad Aérea han publicado unas directrices específicas sobre el uso del Jet A en mercados donde tradicionalmente se utiliza Jet A-1. Estas guías incluyen los aspectos técnicos y operativos que deben tener en cuenta aerolíneas, aeropuertos y proveedores de combustible.
En el caso de las aerolíneas, el principal reto será incorporar el punto de congelación más alto del Jet A en la planificación de vuelos que cruzan espacios aéreos fríos, asegurando que cada trayecto se mantenga dentro de los límites operativos aprobados para la aeronave. Para aeropuertos y suministradores, la introducción de este combustible requerirá un proceso ordenado de gestión del cambio, con actualización de procedimientos, identificación clara del producto, coordinación entre los agentes implicados y controles de calidad que garanticen una implantación segura.












