Los hogares en España han logrado superar por primera vez los niveles de renta mediana alcanzados en 2001, según datos recientes recogidos en la «Encuesta Financiera de las Familias» publicada por el Banco de España. Este avance se produce en un contexto de creación de empleo y mejora económica tras años de dificultades.
En concreto, la renta mediana de los hogares en 2023 alcanzó los 36.100 euros, lo que supone un aumento del 7,8% respecto al año anterior. La renta media anual también creció, situándose en 46.300 euros, un 4,6% más que en 2022. Estos incrementos reflejan una recuperación que no se había visto desde comienzos del siglo, un dato positivo en medio de un entorno económico todavía marcado por la incertidumbre internacional.
No obstante, esta mejora en los ingresos no se traduce de igual forma en la riqueza neta de las familias. Mientras que la riqueza neta mediana aumentó un 6% entre finales de 2022 y finales de 2024, situándose en 160.800 euros, y la media en 344.700 euros, estos valores todavía no alcanzan los niveles previos a la crisis financiera de 2008. Este fenómeno pone de manifiesto las dificultades para recuperar el patrimonio familiar acumulado antes del estallido de la crisis.
El informe del Banco de España destaca que el crecimiento de la riqueza neta se ha producido principalmente en los hogares con menor patrimonio, que han reducido o eliminado deudas, lo que explica el aumento del 44,5% en la mediana del cuartil inferior. Por el contrario, los hogares con mayor riqueza experimentaron una caída del 3,7% en la mediana, aunque la media aumentó ligeramente un 1,5%, indicativo de una concentración desigual.
De hecho, la concentración de la riqueza neta se mantiene estable en los últimos años. En 2024, el 10% de las familias más ricas poseía el 52,9% de la riqueza neta total, una cifra ligeramente inferior a la de 2022 y muy por debajo del máximo registrado en 2020. Por su parte, el 1% de hogares con mayor riqueza sigue concentrando un 21,6% del total, sin volver a los récords previos.
Este escenario refleja un doble ritmo en la recuperación económica de los hogares españoles: mientras los ingresos vuelven a niveles históricos, la acumulación de riqueza sigue siendo desigual y está marcada por la persistencia de ciertas dificultades estructurales. La evolución de la inflación, las condiciones financieras y la incertidumbre global han condicionado la capacidad de las familias para mejorar su patrimonio.
El Banco de España continuará monitorizando estos indicadores en un contexto económico que combina crecimiento moderado con riesgos internacionales, buscando aportar datos que permitan diseñar políticas adecuadas para fomentar una recuperación más equilibrada y sostenible en el tiempo.














