La reciente guerra asimétrica en Oriente Medio ha provocado un aumento significativo de la aversión al riesgo en los mercados financieros, impactando incluso a los activos que tradicionalmente se consideran como refugios seguros.
La deuda pública, habitualmente vista como el activo refugio por excelencia, ha experimentado caídas en sus precios. Esto se debe al temor de que un aumento en la inflación, impulsado por el notable incremento en los precios de la energía, limite las posibilidades de rebajas de tipos por parte de la Fed y obligue al Banco Central Europeo a incrementar sus tasas de interés en los próximos meses.
Aunque es probable que los bancos centrales no respondan de inmediato a lo que se prevé como un repunte temporal de la inflación, en la actualidad, los bonos no están cumpliendo su función de refugio efectivo.
El oro, otro activo refugio tradicional en tiempos de crisis geopolíticas, ha visto recortes en su valor. Este descenso debe contextualizarse dentro de las fuertes subidas que experimentó anteriormente, lo que ha llevado a que, en lugar de ser un refugio, se considere más un activo de riesgo. Adicionalmente, el aumento de los tipos de interés ha incrementado el coste de oportunidad de mantener este metal precioso.
En este escenario complicado, la mejor estrategia de protección para las carteras de inversión es la diversificación. Se recomienda una diversificación geográfica, sectorial y por clases de activos, centrándose en una renta fija que priorice el crédito de alta calidad en plazos cortos e intermedios, además de una cobertura parcial frente a la exposición al dólar.














