En la memoria colectiva, algunas palabras perduran con fuerza, ya sea por resentimiento o por ser un pilar de nuestra existencia. Mi amigo León Lasa me recordó una frase que resuena: «Raphael fue el Cliff Richard español». Una curiosa conexión entre Linares e Inglaterra, dos mundos que apenas se entrelazan a través de Eurovisión y el turismo que promovía el Régimen en su intento de abrirse al exterior y generar divisas.
Una canción de Cliff Richard con The Shadows en la película «The Young Ones» (1962) dice: «Los jóvenes no deben tener miedo». Hoy, los jóvenes vuelan y estudian más que sus padres y abuelos, y a menudo lo hacen sin miedo. Sin embargo, sus expectativas de emanciparse y acceder a una vivienda son cada vez más limitadas. Los salarios de la juventud española rara vez les permiten aspirar a un hogar propio, sobre todo si están desplazados a las grandes ciudades en busca de empleo, donde los precios de la vivienda son inalcanzables.
En este contexto, la herencia se convierte en un recurso vital: «Papis, que sepáis que estáis viviendo en mi herencia». Algunos afortunados logran heredar en vida estudios y la reducción de hipotecas, gracias a unos pocos padres prósperos. Sin embargo, muchos progenitores, aunque disfrutan de una buena situación económica y redes sociales sólidas, sostienen discursos meritocráticos que no reflejan la realidad del joven medio español. Este último se encuentra en una situación precaria, donde vivir en pareja apenas facilita el acceso a un hogar.
La tasa de natalidad y fecundidad en España se aleja de las cifras necesarias para garantizar un relevo generacional. La situación se complica aún más para quienes se divorcian y deben hacerse cargo de hijos bajo custodia compartida. La dicotomía en la que vivimos ya no se define únicamente entre ricos y pobres, sino más bien entre jóvenes y mayores. Para financiar las pensiones del importante electorado jubilado, es necesario recaudar impuestos, ya sea a través del consumo o de los ingresos laborales. Esta carga recae en aquellos que trabajan y cotizan.
Los votos jóvenes están comenzando a inclinarse hacia opciones radicales, una reacción comprensible ante una situación que se vuelve cada vez más insostenible. Es urgente un Pacto Nacional por la Vivienda, pero la falta de consenso entre los principales partidos políticos solo perpetúa esta crisis. La necesidad de un cambio es inminente, pero el camino para lograrlo parece estar lleno de obstáculos.














