El fracaso de la transformación digital: la tecnología no es la solución definitiva

Solo el 16 % de las transformaciones digitales tienen éxito, según McKinsey

La promesa de que la tecnología puede transformar las empresas y llevarlas a la excelencia ha sido repetida con insistencia durante décadas, pero la realidad demuestra que ni toda la tecnología es innovación ni toda innovación depende exclusivamente de la tecnología.

Estudios de consultoras como McKinsey y Boston Consulting Group revelan que alrededor del 70 % de los procesos de transformación organizacional terminan en fracaso. Los datos son aún más preocupantes cuando se trata de transformación digital: solo el 16 % de estos proyectos logran sus objetivos, cifra que se reduce entre el 4 y 11 % en sectores tradicionales como la automoción, la farmacéutica o el petróleo y gas.

El Informe Standish, que evalúa desde 1994 el éxito de proyectos de desarrollo de software, refleja una situación similar: aproximadamente el 31 % de estos proyectos se cancelan, el 53 % presentan problemas o resultados insatisfactorios, y apenas un 16 % son considerados exitosos.

Las verdaderas causas del fracaso en la transformación digital

Los obstáculos más comunes para que una transformación digital tenga éxito no tienen que ver con la tecnología en sí, sino con aspectos humanos y organizativos. Según el 72 % de las empresas que han experimentado proyectos fallidos, la resistencia y la falta de compromiso por parte de empleados y mandos intermedios son determinantes.

Además, la ausencia de atención a la cultura corporativa y a las capacidades de las personas, junto con fallos en la coordinación del proceso de cambio, complican la implantación tecnológica. Estos factores generan frustración, pérdida de recursos y desconfianza.

Innovación no es solo tecnología: la clave está en las personas y procesos

De acuerdo con el Manual de Oslo, publicado por la OCDE y Eurostat en 2018, la innovación supone la introducción de productos o procesos nuevos o mejorados que generan valor para quienes los utilizan. Por tanto, la transformación digital debe enfocarse en crear valor real para usuarios, clientes y toda la organización.

El error frecuente en las transformaciones digitales es comenzar por la tecnología sin analizar previamente los procesos ni involucrar a las personas. Un caso paradigmático fue el de la empresa alemana LIDL, que en 2018 abandonó un proyecto de implantación del software SAP tras siete años y una inversión considerable, debido a la falta de feedback de los usuarios y a la rigidez en la implementación tecnológica.

Este fracaso se explica porque se aplicó un modelo erróneo: primero la tecnología, luego los procesos y por último las personas, confiando en que los empleados adoptarían el cambio sin una preparación adecuada.

Priorizar las personas y procesos para una transformación exitosa

El enfoque correcto comienza por entender a las personas y sus capacidades digitales, conocer la cultura organizacional y analizar los procesos antes de decidir qué tecnología utilizar. Solo así se puede diseñar un cambio sostenible y que aporte valor real.

Las organizaciones que logran alinear mentalidades y cultura tienen cuatro veces más probabilidades de éxito. Además, invertir en el desarrollo de talento y ofrecer oportunidades constantes de aprendizaje duplica esas probabilidades.

En definitiva, la tecnología debe ser la última fase en cualquier proceso de transformación, después de haber desarrollado una estrategia clara centrada en las personas y en la mejora de los procesos.

La verdadera innovación duradera se consigue cuando se combina un cambio cultural profundo, el fortalecimiento de las capacidades humanas y la implantación de procesos rigurosos de ejecución. La tecnología es una herramienta poderosa, pero su valor solo se materializa si se integra en un marco que prioriza el factor humano y la salud organizacional.

Este análisis fue publicado originalmente en la revista Telos, de la Fundación Telefónica. Pablo Atela, autor del artículo, no recibe remuneración ni tiene vínculos económicos con empresas que puedan beneficiarse de estas reflexiones.

Redacción

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