El reciente alto el fuego y la reanudación temporal del tránsito por el estrecho de Ormuz han contribuido a disminuir el riesgo de un conflicto prolongado en la región. Esta situación, a su vez, reduce la posibilidad de enfrentar un escenario global de estanflación. No obstante, es importante señalar que esta mejora no se traducirá de inmediato en una caída de los precios.
Los daños sufridos en las infraestructuras energéticas, logísticas y petroquímicas, así como el tiempo requerido para reiniciar la producción y el transporte, continuarán ejerciendo presión sobre los precios a corto plazo. Como resultado, se anticipa un periodo caracterizado por un aumento de la inflación y un ligero deterioro del crecimiento económico, especialmente en Europa.
Sin embargo, la actual situación ofrece a la Reserva Federal (Fed) un margen de maniobra para reducir los tipos de interés en caso de que se produzca una desaceleración económica en Estados Unidos.
Desde la perspectiva del mercado, la principal consecuencia es la recuperación de la confianza en la continuidad del ciclo de crecimiento de los beneficios empresariales, que es el motor fundamental del ciclo alcista en los mercados bursátiles. A pesar de un reciente repunte, las valoraciones de los índices bursátiles han experimentado un ajuste significativo gracias al crecimiento de los beneficios. Por ejemplo, el PER del S&P 500 ha pasado de 23 a 20,5 veces, mientras que el del MSCI Europe ha disminuido de 15,5 a 14,6 veces.
Este ajuste, especialmente notable en el sector tecnológico, permite a los inversores acceder a precios atractivos, lo que genera expectativas de rentabilidad que son significativamente superiores a las que se contemplaban a principios de año.














