Científicos de la Universidad de Cambridge han realizado un descubrimiento significativo acerca de los tumores en sus etapas iniciales. Según su investigación, las interacciones entre las células tumorales y las células sanas del tejido circundante juegan un papel crucial en la capacidad de estos tumores para sobrevivir y desarrollarse en enfermedades más avanzadas.
Este estudio, que se publica en la revista Nature, se llevó a cabo inicialmente en ratones y fue validado posteriormente con tejido humano. Los hallazgos podrían explicar por qué algunos tumores diminutos desaparecen por sí solos, mientras que otros logran persistir y evolucionar hacia cánceres más serios.
Los tumores se forman cuando el ADN acumula mutaciones, lo que provoca un crecimiento celular acelerado y la omisión de señales que normalmente inducirían a las células dañadas a autodestruirse. Sin embargo, estas mutaciones también pueden presentarse en tejidos sanos sin provocar cáncer. Para entender por qué algunos tumores tempranos logran sobrevivir, los investigadores han estado explorando qué factores influyen en su formación inicial y en su capacidad de progresar.
En investigaciones anteriores, el equipo demostró que los tumores microscópicos emergentes pueden ser eliminados por células mutantes que compiten por el espacio en el tejido, pero no siempre sucede así. Por ello, se preguntaban por qué ciertos tumores incipientes logran evadir las defensas del organismo y proliferar, creando condiciones propicias para el desarrollo de la enfermedad.
Guiados por científicos del Instituto de Células Madre de Cambridge, el equipo modeló las primeras etapas del cáncer en el tracto digestivo de ratones. Al exponer a estos animales a una sustancia química presente en el humo del tabaco, un conocido factor de riesgo, se produjeron mutaciones en las células esofágicas, dando lugar a tumores microscópicos. La mayoría de estos tumores desaparecían naturalmente, pero algunos lograron persistir.
A lo largo de su investigación, los científicos rastrearon estos tumores desde su formación inicial, compuesta por unas pocas células alteradas, hasta etapas más avanzadas. Utilizaron microscopía confocal de alta resolución y diversas herramientas, como la secuenciación de ARN unicelular, para entender el comportamiento de cada célula y las interacciones entre ellas.
Los investigadores descubrieron que los tumores envían señales a los fibroblastos cercanos, actuando estos como células de «primeros auxilios» que responden como si el tejido estuviera dañado. Esta respuesta provoca la creación de un andamiaje fibroótico alrededor de las células tumorales, formando un microambiente que favorece la supervivencia y el crecimiento del tumor. Sorprendentemente, este andamiaje fibroótico puede conferir propiedades tumorales a células sanas, incluso sin mutaciones cancerígenas.
La doctora Greta Skrupskelyte, una de las autoras del estudio, comentó que «hace una década se asumía que eran las células mutadas las que determinaban la aparición o no de cáncer. Nuestros hallazgos demuestran que la respuesta del tejido sano a los tumores tempranos también influye de manera crucial en el desarrollo de la enfermedad».
Cuando el equipo bloqueó la comunicación entre las células tumorales y el tejido subyacente, observaron que el nicho precanceroso no se formaba de manera eficiente, resultando en la supervivencia de muchos menos tumores tempranos. La doctora Maria Alcolea agregó: «Entender los mecanismos que permiten que estos tumores microscópicos persistan y se conviertan en cáncer abre nuevas posibilidades para prevenir la enfermedad antes de que se afiance».
Los investigadores esperan que estos hallazgos puedan mejorar el diagnóstico temprano del cáncer de esófago, una enfermedad que, a menudo, se detecta en etapas avanzadas, cuando las opciones de tratamiento son más limitadas. La doctora Skrupskelyte también indicó que han identificado algunos biomarcadores que podrían ayudar a detectar el cáncer en etapas mucho más tempranas, lo que facilitaría su tratamiento.














