Sophie Demange, autora de la obra «Las carniceras», presenta una narrativa que explora el control, el poder y la venganza a través de la figura de las carniceras. En su novela, publicada por Siruela, la autora utiliza un estilo catártico, reflejando su frustración ante un sistema que no actúa adecuadamente ante las violencias machistas, un problema que persiste a pesar de su evidente presencia en la sociedad.
Demange revela que la inspiración para crear a estas carniceras justicieras provino de su encuentro con una joven carnicera en Francia, un hecho poco común que le llamó la atención. Este descubrimiento, combinado con la representación habitual de las mujeres como víctimas en el cine, alimentó su obra. «Toda esa mezcla inconsciente dio lugar a «Las carniceras»», explica.
La autora enfatiza que su intención era mostrar a estas mujeres como auténticas profesionales, más allá de ser meros personajes llamativos. «Quería que fueran reconocidas por su trabajo», afirma, destacando el contraste entre su destreza y las adversidades que enfrentan en su vida cotidiana. Este trabajo poco convencional simboliza la libertad y la fortaleza femenina.
En cuanto al tono de la novela, Demange menciona que, a pesar de su temática oscura, hay un aire de vitalidad. «Es una novela muy colorista, con mucha luz», comenta, subrayando que, aunque la historia se desarrolla en una carnicería, la vida y la voluntad de vivir predominan.
La autora, quien también trabaja como asistente social, revela que su escritura ha sido una forma de lidiar con las realidades que enfrenta, especialmente en su labor con niños y niñas que sufren abusos. «Escribir se convirtió en una necesidad para afrontar esas realidades», confiesa. En su novela, aborda las dinámicas de la violencia, ofreciendo una visión del por qué algunos hombres actúan de forma violenta, aunque subraya que no hay justificación para tales actos.
El libro presenta el cuerpo de la mujer como una metáfora, donde ser carnicera implica recuperar el control sobre su propio cuerpo. Demange señala que, a pesar de la lucha y el humor presentes en la obra, subyace una profunda tristeza por la lentitud de la justicia y la aceptación de la violencia en la sociedad. «Si quieren sobrevivir, tienen que hacerlo por sí mismas», afirma, haciendo eco de la urgencia de un cambio en el sistema legal.
Respecto al caso de Giséle Pelicot, Demange opina que su testimonio tendrá un impacto significativo en la percepción pública. Sin embargo, destaca la necesidad de visibilizar a las «invisibles», aquellas mujeres que luchan en sus vidas diarias. «La lucha sigue más allá de lo heroico», concluye, reafirmando la importancia de seguir dando voz a todas las mujeres afectadas por la violencia.














