Los franciscanos de la Cruz Blanca celebran 50 años de servicio social

La congregación conmemora su medio siglo de vida con misas en Sevilla y Córdoba.

La congregación de los franciscanos de la Cruz Blanca está celebrando su 50 aniversario, un momento significativo que coincide con una serie de actos en distintas localidades. Desde su curia general en Montequinto, estos franciscanos dependen canónicamente del arzobispo de Sevilla, quien los recibió bajo su ala gracias a la gestión del fray Carlos Amigo Vallejo, arzobispo hispalense y cardenal de la Iglesia.

Ayer, la comunidad conmemoró este medio siglo de vida con una misa en la parroquia del Sagrario de la Catedral de Sevilla y hoy concluirán el año jubilar con otra ceremonia en la casa familiar de Córdoba, donde descansan los restos de su fundador, el hermano Isidoro Lezcano.

La relación entre la familia de la Cruz Blanca y el cardenal Amigo es profunda, no solo porque uno de sus miembros, el hermano Pablo, ha sido su secretario durante décadas, sino porque la aprobación canónica de la congregación lleva la firma de Amigo desde el 27 de marzo de 1975, cuando era arzobispo de Tánger.

Fray Carlos conoció a estos hermanos en la ciudad portuaria marroquí, donde el fundador y un pequeño grupo de personas comenzaron a atender a los marginados del barrio del Príncipe en Ceuta y Tánger desde finales de los años sesenta. Inspirados por su fe cristiana, se dedicaron a ayudar a los más necesitados. Isidoro Lezcano, quien trabajaba como observador del Instituto Nacional de Meteorología en Ceuta, había expresado en su círculo más cercano el deseo de crear un espacio para ayudar a personas sin hogar. Así, abrieron su primera casa familiar, Betania, en 1963 en Ceuta con el apoyo de Cáritas.

En 1969, se les pidió que se trasladaran a Tánger para ayudar a ancianos solos y abandonados que habían decidido quedarse en el antiguo Protectorado tras la independencia del reino alauita. El hermano Isidorito, conocido como el padre Pateras, permaneció en Marruecos mientras Lezcano regresó al barrio del Príncipe.

La llegada de monseñor Amigo a Tánger en 1973 marcó un hito en la historia de la orden, ya que estableció un carisma centrado en el hogar y la familia. Durante su misa de entrada a la archidiócesis, le llamaron la atención unas cruces blancas que portaban jóvenes de la comunidad, lo que despertó su interés por conocerlos y alentar su formación como Hermanos Franciscanos de la Cruz Blanca dentro de la orden tercera franciscana.

Desde entonces, esta iniciativa ha florecido, convirtiéndose en una sólida organización con 32 casas familiares en España, Marruecos, Venezuela y Argentina, así como 16 centros de la Fundación Cruz Blanca. Actualmente, un centenar de hermanos, junto a 1.200 profesionales y numerosos voluntarios, brindan asistencia a unas 22.000 personas, muchas de ellas en situación de exclusión social.

Las casas de acogida están ubicadas principalmente en barrios marginados y zonas rurales, donde se lleva a cabo su labor de asistencia a los enfermos incurables y a los más necesitados, siempre en un ambiente familiar y de convivencia entre hermanos, asistidos y voluntarios. La Fundación Cruz Blanca también gestiona centros que reciben fondos públicos y donaciones para atender a migrantes y víctimas de malos tratos, entre otros colectivos vulnerables.

El hermano Luis Miguel Martell, superior general de la congregación, reflexionó sobre el significado de esta celebración: «Hace cincuenta años, los primeros hermanos entendieron que en Cruz Blanca no ayudamos a extraños, sino a hermanos y hermanas en quienes el mismo Cristo nos interpela». Esta afirmación resalta la esencia de su misión y el compromiso con la comunidad.

Redacción

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