Vera García, una joven investigadora gallega de 30 años, se ha establecido en Nueva York para desarrollar su carrera científica en la prestigiosa Universidad de Columbia. Su trabajo se centra en la búsqueda de nuevas terapias contra el carcinoma hepatocelular, el tipo de cáncer de hígado más común, un área que considera crucial debido a su alta tasa de recurrencia y limitada supervivencia.
Tras completar su doctorado en la Universidad de Santiago de Compostela, Vera decidió dar el salto al extranjero motivada por la escasez de oportunidades en España. «Aunque en Galicia hay bastantes posibilidades para hacer la tesis, al quedarte no hay mucha opción, ni de financiación, ni los sueldos son comparables», explica. Este cambio de rumbo en su carrera se ha traducido en un nuevo enfoque hacia la oncología, un campo que la ha apasionado desde sus estudios en biología.
Desarrollo de nuevas terapias y la vida en Nueva York
El proyecto que Vera lidera en Columbia se encuentra en una fase inicial, donde investiga genes candidatos que pueden potenciar tratamientos actuales. «Estamos en fases muy preliminares, buscando genes candidatos para el futuro desarrollo de terapias», señala. Su trabajo incluye experimentos con modelos animales, lo que ha supuesto un cambio significativo en su metodología. «Nunca había hecho trabajo con animales y al principio me costó, porque al final es un ser vivo», reconoce.
La adaptación a la vida en Nueva York no fue inmediata. Vera llegó en invierno, enfrentándose a un clima que describe como «bastante durillo». Además, el carácter individualista de la ciudad dificultó su integración. «Es una ciudad donde la gente va mucho a su rollo y es bastante solitaria», comenta. Sin embargo, un año después, se siente más adaptada, aunque su vida personal continúa anclada en Galicia.
Las diferencias salariales entre España y Estados Unidos son evidentes. La universidad le proporciona un salario de aproximadamente 2 000 dólares al mes (1 705 euros), mientras que su salario neto inicial ronda los 4 200 dólares (3 580 euros). «Casi el 50% de tu salario va en la vivienda. Es una barbaridad», afirma Vera, poniendo de manifiesto la elevada carga económica que supone vivir en la ciudad.
Precariedad en el ámbito científico
A pesar de su impresionante trayectoria, Vera critica la precariedad en la ciencia. «En investigación no estamos muy bien pagados, creo que en ningún sitio», reflexiona. Esta situación se hace más evidente cuando compara su salario con el de amigos que trabajan como camareros en Nueva York, quienes, a menudo, ganan más que ella. «Muchas veces creo que es porque lo aceptamos», concluye, llamando la atención sobre la necesidad de una mayor valoración social y económica del trabajo científico.
Vera García representa a una nueva generación de científicos que buscan mejorar nuestras vidas a través de la investigación, a pesar de los retos que enfrentan en un entorno laboral que a menudo no reconoce el valor de su trabajo. Su historia es un testimonio de dedicación y pasión por la ciencia, en un mundo donde cada vez se hace más evidente la necesidad de un cambio en las políticas de apoyo a la investigación.













