La ansiedad es el trastorno de salud mental más común a nivel mundial, según la última actualización de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Más de 1.000 millones de personas padecen algún trastorno mental, siendo la ansiedad y la depresión los más extendidos. Actualmente, un 4,4% de la población global sufre ansiedad, cifra que se incrementó un 25% tras la pandemia.
A pesar de su gran incidencia, solo una cuarta parte de quienes la padecen reciben tratamiento, debido en parte a la falta de información, el estigma social y la limitada disponibilidad de recursos en salud mental. Las mujeres resultan más afectadas que los hombres y los síntomas suelen aparecer desde la infancia o adolescencia. Sin una atención adecuada, estos trastornos pueden prolongarse por años y afectar gravemente la vida personal, social y laboral.
Contrario a la creencia común de que la ansiedad se identifica solo con ataques de pánico o nervios visibles, la psicóloga Marta Barranco explica que existen manifestaciones más sutiles que muchas veces pasan desapercibidas. Entre ellas destaca la dificultad para tomar decisiones, donde la persona se bloquea y da vueltas a la misma elección buscando la perfección, lo que genera un desgaste mental considerable.
Otro síntoma frecuente es la sensación persistente de que algo malo está por suceder. Muchas personas viven en un estado de alerta constante, como si lo bueno fuera temporal y estuviera a punto de desaparecer, un pensamiento común en los trastornos ansiosos. También se observa la evitación de situaciones sin motivo aparente, que puede confundirse con desinterés o pereza, pero que en realidad es un mecanismo para evitar la ansiedad.
La concentración limitada es otro indicador clave, pues la mente saturada de preocupaciones dificulta mantener la atención en tareas cotidianas, afectando el rendimiento académico o laboral. Finalmente, la irritabilidad permanente revela que la persona no logra relajarse ni descansar, permaneciendo en un estado de tensión que provoca respuestas desproporcionadas ante estímulos cotidianos.
Además de estos signos psicológicos, la ansiedad también puede manifestarse físicamente con palpitaciones, sudoración, temblores o problemas digestivos. Su impacto es tan grave que incrementa el riesgo de depresión, consumo de sustancias y pensamientos suicidas.
La OMS identifica varios tipos de trastornos de ansiedad, como ansiedad generalizada, social o fobias específicas, y una misma persona puede sufrir más de uno simultáneamente. Sin embargo, la buena noticia es que la ansiedad es un problema tratable. Como señala Marta Barranco, «la ansiedad no es el problema, sino la alarma que nos indica que algo no funciona bien y que debe ser atendido».













