En un reciente estudio de la Universidad de Oxford, se ha revelado que la habilidad de doblar la lengua o ponerla en forma de «U» no es un rasgo hereditario, como se había creído durante décadas. Investigaciones en este campo han despertado un creciente interés tanto en la psicología como en la genética, buscando respuestas sobre este gesto común, especialmente entre los niños.
Históricamente, se pensaba que esta habilidad era un rasgo transmitido genéticamente, pero los nuevos hallazgos sugieren que la capacidad de realizar este movimiento depende de múltiples factores. Estos incluyen la práctica, estímulos tempranos y la coordinación muscular, lo que indica que no se trata de una simple herencia.
Un rasgo multifactorial
Los expertos han confirmado que la posibilidad de doblar la lengua es un rasgo multifactorial. Esto significa que varios genes intervienen en su manifestación, junto con la estructura física y el entorno de cada individuo. La coordinación muscular juega un papel fundamental, dado que la lengua está formada por un complejo sistema de músculos que requieren precisión para adoptar formas específicas.
La biomecánica oral también influye en esta habilidad, ya que el tamaño del paladar y el espacio en la cavidad bucal afectan la libertad de movimiento de la lengua. A nivel anatómico, no todos los individuos presentan la misma flexibilidad, lo que determina la facilidad con la que pueden doblar su lengua.
Aunque estos estudios apuntan a que la capacidad de doblar la lengua está vinculada a factores anatómicos y genéticos, no se descarta que se pueda aprender con práctica. Sin embargo, hay quienes, por sus características, pueden no llegar a dominarla.
Estadísticas y percepciones
Las estadísticas indican que aproximadamente dos tercios de la población mundial pueden doblar su lengua en forma de «U». Sin embargo, esta habilidad no otorga ninguna ventaja evolutiva, y no hay evidencia que sugiera lo contrario. Para aquellos que no pueden realizar este gesto, no hay motivos para preocuparse, ya que se trata de una variación anatómica normal sin implicaciones médicas.
Desde una perspectiva psicológica, esta destreza física se relaciona con características como la extroversión, la creatividad y la capacidad de adaptación. Las personas que pueden doblar su lengua tienden a ser más curiosas y a destacar en actividades que requieren un pensamiento innovador. Además, se ha observado que quienes pueden curvar su lengua hacia arriba suelen ser más analíticos y reflexivos.












