Gabriel Rolón: «La motivación aparece después de actuar, no antes»

Gabriel Rolón desafía la creencia de que la motivación precede a la acción.

Gabriel Rolón (64 años), reconocido psicólogo y psicoanalista, cuestiona una creencia que frena a numerosas personas: la idea de que hay que sentir motivación antes de actuar. Según Rolón, esta percepción es un obstáculo que impide el avance personal.

El especialista argumenta que muchas personas son conscientes de lo que deben hacer y comprenden la importancia del cambio, pero a menudo se detienen en el mismo lugar. Rolón sostiene que el problema radica en la comprensión del funcionamiento emocional humano, no en la capacidad de las personas. La gran confusión radica en esperar sentir motivación antes de dar el primer paso.

La motivación, explica, no es un punto de partida, sino una consecuencia de la acción. En su experiencia clínica, ha observado que quienes aguardan el impulso ideal para comenzar a realizar cambios importantes suelen descubrir que ese momento rara vez llega por sí solo. Este fenómeno es común en la práctica terapéutica, donde muchos pasan meses leyendo, planeando y reflexionando sin modificar su vida diaria.

Este estancamiento no se debe a la falta de inteligencia o deseo, sino al miedo disfrazado de prudencia. Cuando se evita enfrentar ese miedo mediante decisiones concretas, este se fortalece, llevando a la mente a aprender que evitar el esfuerzo es lo más seguro. Cada vez que se pospone una acción necesaria, la autoconfianza se ve afectada. El cerebro, al percibir un esfuerzo como una amenaza emocional, envía señales de alarma que invitan a retroceder.

Rolón enfatiza que el cambio de percepción requiere un trabajo psicológico profundo. La motivación surge como resultado de haber comenzado el proceso de cambio. Para él, la herramienta más efectiva no es la fuerza de voluntad, sino el microcompromiso, que consiste en dar un pequeño paso inicial, como abrir un libro o caminar unos minutos. Estas acciones, aunque mínimas, ayudan a romper la inercia y ponen en marcha un principio fundamental: lo que comienza tiende a continuar.

La relación entre propósito y hábito

La motivación es cambiante y efímera, mientras que la decisión puede mantenerse a lo largo del tiempo. Este concepto es crucial en el enfoque de Rolón, ya que marca la diferencia entre depender del estado de ánimo y construir desde una coherencia interna sólida. Las personas que logran mantener hábitos no son necesariamente las más disciplinadas, sino aquellas que comprenden su propósito personal, el cual debe ser auténtico y no influenciado por expectativas ajenas.

Cuando el propósito es claro, el esfuerzo deja de considerarse un sacrificio y se transforma en una elección consciente alineada con los valores individuales. Sin embargo, un propósito sin hábitos se convierte en un simple sueño, mientras que los hábitos sin un propósito son acciones vacías que eventualmente agotan. La verdadera fuerza proviene de la sincronización entre ambos, un proceso que se construye lentamente a través de pequeños gestos diarios.

Rolón ilustra su reflexión con una imagen poderosa: el bambú crece de manera interna durante un tiempo prolongado antes de emerger a la superficie. Cuando finalmente aparece, parece que brota de manera repentina, pero en realidad ha sido el resultado de un trabajo constante y silencioso. Este crecimiento emocional se asemeja a la evolución del bambú, donde la motivación deja de ser una condición previa y se convierte en el resultado natural de haber iniciado la acción.

Redacción

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