Albert Puñet e Inma Fernández, dos exadictos al fentanilo, compartieron sus experiencias sobre cómo un tratamiento médico destinado a aliviar el dolor se convirtió en una trampa de adicción a un potente opioide. Ambos se vieron obligados a ingresar en un centro de desintoxicación para liberarse de la dependencia que les había generado el fentanilo, un analgésico que ha cobrado notoriedad por su uso indebido.
Un camino hacia la adicción
Puñet, de 41 años, sufrió un accidente de moto en 2018 que le dejó con una lesión medular cervical alta y un dolor neuropático crónico severo. En 2019, tras probar diversos tratamientos, le recetaron fentanilo de absorción rápida en forma de ‘chupachups’ con sabor a fresa. «Pensé que los médicos habían dado por fin con la solución, pero en ningún momento me dijeron que estaba tomando fentanilo», relata a EFE.
Los especialistas de la clínica del dolor le complementaron el tratamiento con parches de liberación prolongada, pero a medida que pasaba el tiempo, el efecto disminuyó y la dosis aumentó. «Los médicos me decían que, por mis características psicológicas, este tratamiento no me generaría ninguna adicción. Pero yo estaba colocado todo el día sin ser consciente”, recuerda.
Durante la pandemia, experimentó síntomas de abstinencia que inicialmente atribuyó al COVID-19. «El malestar desaparecía minutos después de consumir una piruleta. Ahí entendí que dependía de la medicación», explica.
Inma Fernández, de 47 años, también vivió una experiencia similar tras recibir parches de fentanilo para controlar un dolor lumbar severo tras un linfoma de Hodgkin diagnosticado en 2011. Al principio, los parches le parecieron «una mano de santo», pero su situación se complicó y su dosis aumentó de forma alarmante.
La lucha por la recuperación
En agosto de 2023, tras ser retirada de los parches, experimentó una abstinencia «horrible», que la llevó a pensar en el suicidio. «Era como si tuviera una losa de una tonelada en el pecho que no me dejaba respirar», recuerda. Su padre la llevó al hospital, donde tras una serie de intervenciones fue derivada al Centro de Atención a las Drogodependencias del hospital Joan XXII de Tarragona.
Pese a las dificultades, Inma logró superar su adicción después de ingresar nuevamente en el centro durante una semana. Sin embargo, la adicción le dejó secuelas como pérdida de memoria y mareos ocasionales. Actualmente, recibe un tratamiento mensual con buprenorfina y se encuentra de baja laboral.
Tanto Puñet como Fernández abogan por un mayor control médico en la prescripción de opioides, como el fentanilo. El psiquiatra del CAS de Tarragona, Ahmed Fabelo, resalta que aunque el fentanilo es eficaz para el dolor intenso, su uso debe estar estrictamente supervisado y controlado por profesionales de la salud.
El fentanilo, un opioide sintético, es conocido por ser hasta 50 veces más potente que la morfina y ha sustituido a la heroína en muchas conductas adictivas en los últimos años. La creciente preocupación en torno a su uso indebido resalta la urgente necesidad de establecer protocolos más rigurosos en su prescripción.













