Hondius, el crucero en el que se ha detectado un brote de hantavirus que ha provocado la muerte de tres personas, sigue confinado en aguas próximas a Cabo Verde. Este barco no es un crucero convencional, sino una embarcación dedicada a expediciones para aficionados a la naturaleza, principalmente fotógrafos y biólogos, con tarifas que oscilan entre 8.000 y 21.000 euros por persona según el itinerario.
La naviera responsable, Oceanwide Expeditions, se especializa en viajes a destinos remotos como la Antártida, las Georgias del Sur o el Ártico. El Hondius cuenta con capacidad para 170 pasajeros y 71 tripulantes, entre ellos 13 guías expertos y un médico a bordo. Está diseñado para soportar condiciones extremas, con un casco reforzado capaz de romper hielo de hasta 80 centímetros.
El viaje afectado por el brote se dividió en dos etapas: la primera entre Ushuaia y la Península Antártica, que tuvo lugar del 10 al 31 de marzo; y la segunda, una ruta hacia el norte con escalas en Georgias del Sur, Tristán de Acuña, Santa Elena y finalmente Cabo Verde.
Los protocolos establecidos para casos de brotes en alta mar incluyen el aislamiento de los enfermos, cuarentenas internas, medidas estrictas de higiene y coordinación con las autoridades sanitarias de los puertos donde el barco hace escala. Sin embargo, la atención médica a bordo está limitada debido a la lejanía de las zonas que recorre.
Un aspecto relevante es que, aunque la legislación marítima no obliga explícitamente a disponer de morgue en buques grandes, la Organización Marítima Internacional recomienda que los barcos cuenten con instalaciones para conservar los cuerpos. En el caso del Hondius, esto fue fundamental, pues uno de los fallecidos murió el 11 de abril y su cuerpo permaneció a bordo hasta que pudo ser desembarcado el 24 de abril en Santa Elena.













