El doctor Manuel Romero, jefe del servicio de Reumatología del Hospital Quirónsalud Córdoba y experto en trastornos afectivos, ha destacado que la fibromialgia no debe considerarse únicamente un síndrome de dolor crónico.
En un estudio desarrollado en la Universidad de Alcalá y basado en una revisión exhaustiva de la literatura científica internacional publicada entre 2007 y 2025, Romero demuestra que hasta el 70% de los pacientes con fibromialgia presentan trastornos emocionales como ansiedad o depresión con la intensidad suficiente para requerir un tratamiento específico.
Según los datos recogidos, la depresión afecta a entre el 25% y el 65% de estos pacientes, mientras que la ansiedad está presente en un rango que puede llegar hasta el 70%. Además, se detecta trastorno bipolar en aproximadamente uno de cada cuatro afectados, y el trastorno por estrés postraumático en cerca del 10%.
El especialista subraya que estas cifras desmontan la visión tradicional que reduce la fibromialgia a una afección exclusivamente física. De hecho, los trastornos afectivos no son solo una consecuencia secundaria, sino que forman parte fundamental del síndrome.
Romero explica que la interacción entre las emociones y el dolor es bidireccional: la afectividad negativa amplifica la percepción del dolor, y a su vez el dolor incrementa los trastornos emocionales. Ignorar esta relación conlleva un riesgo elevado de cronificación.
El estudio identifica mecanismos biológicos compartidos entre dolor y emoción, como la sensibilización central del sistema nervioso, alteraciones en neurotransmisores como la serotonina y dopamina, disfunciones en el eje del estrés con niveles anormales de cortisol, y un estado de neuroinflamación leve. Estas alteraciones explican por qué los pacientes con mayor carga emocional sufren más dolor, fatiga, peor calidad del sueño y responden menos a tratamientos convencionales.
El doctor Romero advierte que no atender la dimensión emocional impacta negativamente en la vida de los pacientes y en el sistema sanitario, generando mayor discapacidad funcional, menos adherencia a los tratamientos, aumento de consultas médicas y pruebas diagnósticas, además de un mayor riesgo de cronicidad.
Por ello, Romero insiste en que un paciente con fibromialgia y depresión no puede tratarse solo con analgésicos, ya que se estaría abordando solo una parte de la enfermedad.
Los mejores resultados clínicos, concluye el estudio, se obtienen con un enfoque multidisciplinar que combine tratamientos farmacológicos neuromoduladores, psicoterapia estructurada, ejercicio aeróbico adaptado y una adecuada educación e información para el paciente. Este método no solo reduce el dolor, sino que mejora la calidad de vida y disminuye la discapacidad asociada.
Finalmente, el experto aboga por avanzar hacia una medicina más personalizada en fibromialgia, basada en la identificación de biomarcadores emocionales y neurobiológicos que permitan clasificar mejor a los pacientes y adaptar los tratamientos. La fibromialgia del futuro, según Romero, debe considerarse como una enfermedad de interacción cuerpo y mente, con perfiles clínicos diferenciados para ofrecer terapias realmente eficaces.













