La artesana canaria Pilar González se ha consolidado como una figura clave en el mundo gastronómico gracias a su habilidad para crear vajillas exclusivas que complementan la experiencia culinaria en distintos restaurantes. Su trabajo, que combina arte y funcionalidad, ha logrado que la presentación en mesa sea una extensión del mensaje que los chefs quieren transmitir desde la cocina.
La labor de González comienza mucho antes de que una pieza salga de su taller en La Laguna, Tenerife. Cada encargo se inicia con un proceso de diálogo y análisis profundo con los cocineros, donde durante aproximadamente un mes se conceptualiza el diseño en función de la carta y la propuesta gastronómica. Posteriormente, la elaboración de la vajilla puede extenderse hasta seis meses, un tiempo dedicado a seleccionar materiales y formas que aseguren durabilidad y armonía visual sin restar protagonismo a los platos.
Su relación con el sector gastronómico arrancó en 2017, cuando Jorge Peñate solicitó un pedido importante para el restaurante Las Rocas. Desde entonces, la artesana ha evolucionado en su técnica y ha ido adaptándose a las tendencias, poniendo especial atención en que sus creaciones permitan que los restaurantes ofrezcan una experiencia completa, donde la vajilla se convierte en un aliado que realza sabores y estética.
Entre sus trabajos más destacados figura el diseño de una pieza icónica para el restaurante La Terrasse, ahora conocido como Dos Naifes, ubicado en el Gran Meliá Palacio de Isora. Esta colaboración refleja el compromiso de Pilar con el lujo discreto y la exclusividad, logrando que sus piezas no solo sean funcionales sino también un elemento artístico que acompaña la degustación.
Hija de un carpintero y una costurera, Pilar reconoce la importancia del reconocimiento que ha obtenido gracias a la gastronomía, un sector que valora y difunde su labor artesanal. Sus creaciones han traspasado fronteras y han llegado a restaurantes en Estados Unidos, Ibiza y Barcelona, aunque la carga impositiva limita en parte su expansión internacional.
Para Pilar, la clave está en el equilibrio: la vajilla debe complementar la comida sin opacarla. Por eso dedica muchas horas a estudiar cada propuesta culinaria y a dialogar con los chefs para evitar colores o acabados que distorsionen la esencia del plato. Esta dedicación ha convertido su taller en un punto de encuentro habitual para cocineros que buscan piezas únicas que eleven la experiencia de sus comensales.
A pesar de la dificultad que supone mantener un relevo generacional en la artesanía, Pilar González encuentra en la gastronomía una motivación constante para continuar creando. Su trabajo silencioso pero fundamental representa el lujo real de la experiencia gastronómica, una alianza entre cocina y cerámica que los clientes valoran y disfrutan cada día.













