La última entrega de la saga de José Luis Torrente, titulada «Torrente presidente», ha llegado a más de mil pantallas sin previo aviso y sin materiales promocionales. A través de una animación con créditos que evocan el programa «Un, dos, tres», la película advierte que cualquier parecido con la realidad «no es una coincidencia».
Santiago Segura, creador y protagonista de este personaje anacrónico, ha manifestado en múltiples ocasiones su preocupación por la interpretación de su obra como una apología de lo que critica. Por ello, en esta ocasión, un rótulo aclara que estamos ante «una parodia satírica», mientras suena «Habla, pueblo, habla», la famosa canción del grupo Vino Tinto asociada a los primeros comicios democráticos.
En esta nueva entrega, Torrente no se ampara en tramas de robos o espionajes; su inicio se sitúa en la Transición española, lo que deja claro que la política es el eje central de los más de noventa minutos de gags y cameos. La película presenta una avalancha de apariciones, que incluyen tanto caras conocidas de entregas anteriores como nuevos rostros, como el de Bertín Osborne, quien se convierte en el personaje de Pedro Vilches, un acierto notable en el casting.
La crítica no escatima en retratar a un partido de ultraderecha con líderes intrigantes y seguidores que confunden el 23-F con el Black Friday. La figura de Torrente se vuelve tan indómita que incluso hay intentos de eliminarlo por parte de nostálgicos del franquismo, lo que añade un giro inesperado a la trama.
A lo largo de la película, Santiago Segura se asegura de que el actor que interpreta al líder del partido no se asemeje a Santiago Abascal, el actual presidente de Vox, lo que refuerza el tono crítico de la obra. Cuantas más tonterías expresa Torrente en sus mítines ficticios, mayor es su popularidad entre sus seguidores.
La película incluye también una variedad de cameos, que van desde Vito Quiles hasta Lucía Etxebarría, lo que provoca cierta controversia entre los espectadores. Un detalle curioso es que la mayoría del público que asistió a la proyección en un centro comercial de Málaga estaba compuesto por grupos de hombres jóvenes. Al finalizar, tras una escena postcréditos, el público aplaudió, reflejando una conexión con el humor escabroso y la crítica social que caracteriza a la saga.













