Francisco de Goya y Lucientes, uno de los más grandes genios de la pintura, pasó sus últimos años en una hermosa ciudad del sureste de Francia. Aunque es conocido por su obra en España, el artista encontró su final en Burdeos, donde dejó un legado significativo a pesar de las circunstancias de su exilio.
Durante su vida, Goya fue pionero en el reportaje de guerra, capturando el horror y la brutalidad de los conflictos, en contraste con la representación heroica que predominaba en su época. Asimismo, su pasión por la tauromaquia lo llevó a convertirse en el gran cronista visual de este arte en su tiempo. Sin embargo, el régimen absolutista de Fernando VII lo obligó a abandonar su país natal y buscar refugio en Francia.
En 1824, Goya solicitó permiso al rey para viajar a Plombières por razones de salud. Este viaje fue, en realidad, un intento de escapar de la persecución política en España. Burdeos le ofreció un entorno más hospitalario, donde se unió a una comunidad de liberales españoles en el exilio, rodeándose de amigos como el pintor Antonio de Brugada.
En esta ciudad, Goya retomo su actividad artística. A pesar de su salud deteriorada y de su casi ceguera, creó obras memorables, incluyendo la serie de litografías «Los Toros de Burdeos» en 1825. Estos trabajos sorprendieron a los artistas franceses de la época por su fuerza y dinamismo. Además, su famosa pintura «La lechera de Burdeos» también data de este periodo, consolidando su legado artístico.
El 16 de abril de 1828, Goya falleció en Burdeos y fue enterrado en el cementerio de La Chartreuse. Sin embargo, en 1886, al exhumar sus restos para ser trasladados a Madrid, se descubrió que su cráneo había desaparecido, un enigma que persiste hasta la actualidad.
La ruta de Goya en Burdeos permite a los visitantes explorar los lugares que fueron significativos en su vida. El principal punto de interés es el edificio que alberga el actual Instituto Cervantes, donde vivió durante sus últimos años. En su fachada se encuentra una placa de bronce en su honor, aunque el interior no conserva elementos originales relacionados con el artista.
En 1826, Goya se mudó al barrio de Croix Blanche, donde el Ayuntamiento le dedicó una calle en 1920. Aquí, en una típica casa bordelesa, creó parte de su serie de litografías sobre la lidia.
La ciudad también alberga la antigua imprenta Gaulon, donde realizó muchas de sus litografías. Este lugar forma parte de los recorridos culturales que celebran su vida y obra, demostrando que Goya continuó innovando hasta el final de sus días.
Otro sitio de interés es la chocolatería de Braulio Poc, un punto de encuentro para la comunidad de exiliados donde Goya solía reunirse con amigos. Su funeral, celebrado en la iglesia de Notre Dame, fue un evento significativo, aunque ignorado por la prensa local, donde sus compatriotas le dieron un adiós digno de un príncipe.
La huella de Goya en Burdeos puede no ser monumental, pero es un testimonio de su vida y obra en un lugar que le ofreció refugio. La memoria del artista se encuentra en las placas y referencias de la ciudad, recordando que uno de los más grandes pintores de España pasó aquí sus últimos años, trabajando incansablemente a pesar de su deterioro físico.














