La literatura es mucho más que un simple relato; es una manifestación esencial de la experiencia humana y un medio para comprender el mundo que nos rodea. Así lo expuso un académico en su discurso de ingreso en la Real Academia Española, titulado «Verosimilitud y verdad», donde defendió con firmeza la capacidad literaria para expresar la realidad.
Introducir la historia de la literatura dentro del contexto más amplio de la evolución cultural permite descubrir las conexiones ocultas entre disciplinas como la antropología y la psicología. Es impresionante la pasión universal por contar y escuchar historias. Jerome Bruner, un destacado psicólogo interesado en la literatura, demostró que dar sentido a la experiencia es la función principal de la inteligencia humana, que opera tanto de manera lógica como narrativa. Nuestra memoria, estructurada temporalmente, es de naturaleza narrativa, lo que subraya la imposibilidad de separar la literatura de otros ámbitos del conocimiento.
Ejemplos históricos ilustran esta transversalidad: San Juan de la Cruz, por ejemplo, puede ser considerado tanto poeta como teólogo; Kierkegaard, filósofo, teólogo y narrador a la vez. Incluso figuras como Miguel Delibes atribuyeron su vocación literaria a la lectura de textos aparentemente alejados, como el «Curso de Derecho Mercantil» de Joaquín Garrigues. Desde la antigüedad, historiadores como Heródoto han sido también grandes escritores, lo que demuestra la interrelación entre historia y literatura.
En la década de los setenta, la publicación en España de «Fenomenología de la percepción» de Merleau-Ponty aportó una nueva perspectiva filosófica que pretendía describir la realidad desde la experiencia directa. Según este autor, la verdadera filosofía consiste en «aprender a ver el mundo» de nuevo. En este sentido, contar un relato puede alcanzar una profundidad comparable a la de un tratado filosófico. Esta idea, inicialmente artística, adquirió un peso filosófico que nos hace distinguir entre la realidad objetiva y los fenómenos percibidos por cada individuo.
La literatura como pieza fundamental del nuevo humanismo
Para quienes aspiran a situar la historia cultural en el centro de un renovado humanismo que unifique ciencias y letras, la literatura resulta esencial. Martha C. Nussbaum, galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, ha defendido esta postura con sabiduría. Nussbaum responde a la crítica de Platón, quien rechazaba la literatura en la educación por considerarla subversiva y un mal ejemplo para la vida racional. En cambio, ella y el académico coinciden en que las novelas son cruciales para la filosofía práctica.
En su discurso, se destacó cómo la literatura nos sumerge en el mundo complejo y particular de la experiencia humana, otorgando importancia a los eventos que afectan a sus personajes en un universo marcado por la contingencia. Además, se afirmó que la literatura no solo extiende la vida en sentido horizontal, conectándonos con realidades desconocidas, sino también vertical, al ofrecer experiencias más intensas y precisas que muchas vivencias cotidianas.
Esta riqueza y profundidad que aporta la literatura constituyen un valor que debe protegerse para evitar la trivialización de nuestras vidas. Así, la historia de la literatura no solo refleja el esfuerzo humano por perfeccionar la expresión y la percepción de la realidad a través del lenguaje, sino que también nos introduce en una experiencia estética transformadora, convirtiendo la contingencia en un objeto valioso y significativo.
Finalmente, incorporar la historia literaria en una asignatura dedicada a los diversos campos de la creatividad humana parece una vía adecuada para facilitar el acceso a este vasto ámbito y revelar las conexiones entre diferentes áreas del conocimiento. La propuesta de situar la historia en el núcleo de un nuevo humanismo que recupere la unidad entre ciencias y letras es, sin duda, digna de elogio y, lo que es más importante, viable.














