El director chileno Juan Pablo Sallato continúa recordando los aplausos que recibió su película «Hangar rojo» durante la última edición de la Berlinale. «La recepción fue muy buena: seis funciones llenas, con unas 700 personas en cada sala. Fue muy emotivo», comenta. En el Festival de Málaga, durante la función para la prensa, experimentó una sensación similar.
La obra cinematográfica narra las tensas primeras horas del golpe de Estado del general Augusto Pinochet, centrada en un capitán de aviación con una gran integridad y ética, inspirado en la figura real de Jorge Silva. Silva falleció poco antes del inicio del rodaje, pero Sallato tuvo la oportunidad de mantener conversaciones profundas con él. «Colaboró mucho con nosotros. Silva tenía una impronta militar muy marcada. Aunque fue exiliado y vivió en Londres durante décadas, nunca dejó de sentirse militar», explica el director.
La película se caracteriza por su impactante fotografía en blanco y negro, que busca reflejar la subjetividad del personaje y su conflicto interno. Sallato menciona que «el blanco y negro nos permitía trabajar con el claro oscuro, con los contrastes, como una representación gráfica del conflicto que vive el protagonista». Además, destaca la importancia de los matices en el relato, ya que la historia intenta humanizar el mundo militar, muchas veces percibido de forma binaria como de buenos y malos.
«Hangar rojo» se basa en el libro del autor Fernando Villagrán, un estudiante cuya vida fue salvada por Silva. «El libro hablaba de oficiales y suboficiales de la Fuerza Aérea que se negaron a participar en el golpe y las consecuencias que sufrieron», señala Sallato. Uno de los casos más notorios es el del general Alberto Bachelet, padre de la expresidenta chilena Michelle Bachelet, quien murió tras ser torturado por negarse a unirse al alzamiento. También se presentan historias de soldados rasos que debieron tomar decisiones críticas en momentos de tensión.
La película también actúa como un recordatorio de los desaparecidos y las repercusiones del golpe de Estado. Sallato subraya que «es una invitación a recordar las consecuencias de esas decisiones, que no solo afectaron a ese momento histórico, sino que atraviesan generaciones». Nacido en 1978, el director creció en un contexto donde el pensamiento diverso podía costar la vida. «La película no busca ofrecer respuestas definitivas, sino generar preguntas y fomentar el debate; queremos que el espectador se cuestione: ¿quién sería yo en esa situación, héroe, asesino o alguien con miedo que duda?», concluye Sallato, resaltando la importancia del diálogo en el Festival de Málaga.














