Javier Ramírez, conocido como «El Chato» en el ámbito del carnaval de Cádiz, ha dado un paso decisivo hacia la literatura con su primera novela, El museo infinito. Doctor en historia, arqueólogo y profesor universitario, Ramírez fusiona sus múltiples pasiones en un thriller que explora los secretos del arte y su vínculo con la historia gaditana.
La historia gira en torno al Salvator Mundi, el cuadro atribuido a Leonardo da Vinci que alcanzó un récord histórico al venderse por 450 millones de dólares en 2017. Ramírez confiesa que siempre le había intrigado esta obra, especialmente porque fue encontrada en 1958 en un granero y adquirida por solo 72 dólares. Desde su compra millonaria, su paradero ha sido un misterio absoluto.
Durante la investigación para su novela, Ramírez descubrió un dato sorprendente: en el siglo XVIII, el cuadro estuvo en Cádiz. Perteneció al marchante local Sebastián Martínez y Pérez, mecenas de Goya en la ciudad. El pintor aragonés incluso le dedicó un retrato como muestra de agradecimiento por su apoyo durante una enfermedad.
Esta conexión entre Goya, Da Vinci y Cádiz sirve de base para una trama que indaga en los secretos que esconden muchas obras de arte. La novela se adentra en un universo de misterio y suspense que recuerda a autores como Dan Brown, pero con un estilo propio. Además, plantea preguntas sobre quién decide el valor de una obra y cómo el arte puede ser un bien puramente especulativo.
Ramírez reflexiona sobre la singularidad del arte, un bien que a diferencia de otros no se devalúa con el tiempo, sino que suele mantener un valor estable. Destaca también que la exclusividad de Da Vinci, quien pintó muy pocas obras frente a artistas como Rubens, influye decisivamente en su cotización. El libro aborda igualmente el tema de las falsas atribuciones, como la de la Madonna Litta, que durante décadas se creyó obra de Da Vinci sin serlo.
Más allá de la ficción, Ramírez lamenta el desconocimiento que tienen muchos gaditanos sobre su propio patrimonio. Señala que a menudo son los turistas quienes conocen mejor lugares emblemáticos como el yacimiento Gadir, la Torre Tavira o la Casa del Carnaval. Como arqueólogo, insiste en que Cádiz aún tiene mucho por descubrir, con incógnitas como la localización exacta del templo de Hércules o la excavación completa del teatro romano.
Por ello, defiende la necesidad de elaborar una carta arqueológica que unifique toda la documentación dispersa sobre la riqueza histórica y arqueológica de la ciudad. Ramírez, que ha vivido el Carnaval de Cádiz desde múltiples perspectivas, revela que escribir esta novela le llevó cerca de un año, siguiendo un proceso riguroso de planificación antes de ponerse a escribir, siempre con Cádiz como fuente principal de inspiración.













