Eric Clapton regresa a Madrid tras 25 años y deslumbra con su blues eterno

Eric Clapton volvió a Madrid tras 25 años y conquistó al público con su maestría en la guitarra

Eric Clapton regresó anoche a Madrid después de un cuarto de siglo sin pisar la ciudad, para ofrecer un concierto que dejó una huella imborrable en las 17.000 personas que llenaron el Movistar Arena. A sus 81 años, el guitarrista británico demostró que su talento y pasión por el blues siguen intactos, desatando una emoción contenida entre el público que se tradujo en un fervor silencioso pero intenso.

El espectáculo comenzó puntualmente con una versión llena de matices de «Badge», uno de los clásicos de Cream, interpretado con la calma y precisión que caracterizan a Clapton. Su relación con la guitarra Fender Stratocaster se mostró tan natural como siempre, y su capacidad para reinventar sus temas en directo, al igual que hacía Bob Dylan, cautivó a aficionados que han crecido con sus acordes durante décadas.

La complicidad entre Clapton y su banda fue evidente, especialmente en temas como «I»m Your Hoochie Coochie Man» de Willie Dixon, donde junto a Chris Stainton al piano y Doyle Bramhall a la guitarra, desplegó un juego de sonidos que reafirmó su estatus de leyenda viva del blues. A pesar de sufrir neuropatía periférica, que afecta su movilidad y le provoca dolores, Clapton sigue explorando su instrumento con la maestría que lo colocó a la altura de íconos como Jimi Hendrix y Robert Johnson.

Uno de los momentos más impactantes llegó con el solo de «I Shot The Sheriff», tema de The Wailers, que dejó al público sin aliento y provocó un estallido de energía en el recinto. A lo largo de la noche, Clapton repasó temas emblemáticos y versiones que ha hecho suyas, mostrando su capacidad para dotar de un brillo único a canciones de Jimmy Cox, Bo Diddley o J.J. Cale.

Domina el tramo acústico y emociona con Tears In Heaven

En la parte acústica del concierto, Clapton evidenció su dominio vocal, a menudo subestimado, y conectó profundamente con el público en piezas como «Nobody Knows You When You»re Down And Out». El recuerdo de sus inicios con bandas como The Yardbirds y Derek and the Dominos estuvo presente, donde aprendió a tocar con precisión sin caer en la ostentación.

Sin embargo, fue su interpretación de «Tears In Heaven» la que cerró con broche de oro la velada. Esta canción, compuesta en memoria de su hijo Connor, fallecido trágicamente, es una de las más reconocidas por la crítica y el público, y en Madrid se convirtió en un momento de comunión absoluta con los asistentes.

Improvisación y despedida abrupta

El final del concierto fue eléctrico y casi improvisado, con una conexión tan profunda entre los músicos que hasta los errores se convirtieron en parte del encanto. La espontaneidad y el carácter de la banda destacaron hasta que un objeto lanzado desde el público interrumpió la actuación, forzando a la banda a retirarse sin bises.

La carrera de Clapton, que ya supera los 50 años sobre los escenarios, es un testimonio de resiliencia y pasión, habiendo superado dificultades personales y problemas de adicción gracias al apoyo de grandes amigos como Ronnie Wood y Steve Winwood. Desde que un grafiti en Londres proclamó en 1965 que «Clapton is God», su legado sigue siendo una leyenda viva que Madrid tuvo el privilegio de experimentar de nuevo.

Redacción

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