El Último de la Fila inicia su gira de regreso con un concierto sin la energía esperada

El regreso de El Último de la Fila reunió a 18.500 personas pero el concierto tardó en alcanzar su intensidad

Manolo García y Quimi Portet se reencontraron con su público tras más de tres décadas para dar inicio a la gira de regreso de El Último de la Fila en el escenario al aire libre de Marenostrum, en Fuengirola. Este esperado concierto, que tuvo lugar junto al Castillo Sohail y frente al Mediterráneo, convocó a 18.500 espectadores que agotaron las entradas en cuestión de minutos.

El dúo barcelonés, que no se presentaba como tal desde 1996, sorprendió al abrir el espectáculo con canciones de su etapa anterior, Los Burros, un gesto audaz que reflejó la esencia de su propuesta musical: una fusión única de pop anglosajón con raíces flamencas y letras poéticas llenas de surrealismo y desparpajo. La puesta en escena contó con diez músicos, entre ellos algunos habituales de sus últimas giras, y la presencia destacada de la joven guitarrista y teclista Sara García, presumiblemente la hija de Manolo García.

Sin embargo, el concierto comenzó con un ritmo pausado y una energía que tardó en contagiarse. Durante más de una hora, el espectáculo luchó por romper la inercia inicial, con canciones que sonaron ralentizadas y menos intensas que en los últimos recitales en solitario del cantante. La escenografía fue sencilla, limitada a pantallas y luces en forma de pez, una puesta en escena que se antojó modesta para la magnitud del regreso.

A pesar de este arranque tibio, la conexión con el público mejoró en la segunda parte, cuando temas como «Lápiz y tinta», «Sara» o «Dulces sueños» lograron despertar la emoción y la entrega de los asistentes. Manolo García mantuvo una actitud profesional y cercana, bajando al foso en varias ocasiones, mientras Quimi Portet mostró su característico estilo contenido pero efectivo en la guitarra.

El final incluyó varios bises en los que el público respondió con entusiasmo, siguiendo las indicaciones para pedir más canciones con el clásico grito «Otra, otra, otra». Cerraron con un inesperado homenaje a la ranchera «El rey», de José Alfredo Jiménez, un cierre poco habitual para un concierto que, a pesar de su importancia histórica, dejó la sensación de que pudo ofrecer mucho más.

Redacción

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