Salorino, pequeña localidad de Cáceres, ha incorporado recientemente un nuevo patrimonio artístico que une historia y presente. Se trata de un mural creado por el artista extremeño Brea, que rinde homenaje a Soledad, conocida popularmente como «La Sole», una figura emblemática de la trashumancia en la zona.
Este mural, pintado en una pared del municipio, recupera la memoria de una mujer fundamental para los pastores que, entre los años 50 y 70, recorrían largas rutas desde Extremadura hasta las montañas del norte, en lugares como Brañosera, Palencia. En esos trayectos, «La Sole» se convirtió en un apoyo vital para quienes vivían la trashumancia, ofreciendo alimentos, mantas y soporte logístico.
Los vecinos recuerdan que su hogar servía también como una oficina improvisada donde gestionaba la correspondencia entre los pastores y sus familias, facilitando la comunicación en tiempos donde las distancias eran especialmente difíciles de salvar. Su figura representa así un símbolo de solidaridad y de la vida vinculada al campo y a esta tradición histórica, reconocida como patrimonio cultural inmaterial en España.
La obra de Brea y su conexión con la memoria rural
Brea, grabador, muralista y diseñador gráfico con base en Cáceres, inició su carrera en el año 2000 en Plasencia dentro del ámbito del graffiti, para luego evolucionar hacia el muralismo contemporáneo con un marcado carácter artístico. Formado en la Escuela de Bellas Artes Eulogio Blasco, destaca por un trabajo minucioso que incorpora simbolismo ligado a la naturaleza, la historia y las tradiciones.
Actualmente, Brea desarrolla su labor entre su taller de obra gráfica «La Grabera» y el estudio creativo «Acuadros Creativos». Su intervención en Salorino se suma a otras realizadas en municipios cacereños, donde ha apostado por poner en valor la identidad local y el mundo rural. Sus murales suelen integrar elementos populares y oficios tradicionales, convirtiendo cada pieza en una narración visual que remite a la historia del lugar.
Un legado que une generaciones y territorios
El homenaje a Soledad trasciende lo artístico y adquiere un valor simbólico para Salorino, que recupera así una historia que forma parte de su identidad y la proyecta hacia el futuro. Esta iniciativa demuestra el papel del arte urbano como medio para rescatar relatos olvidados, fomentar la identidad colectiva y fortalecer el vínculo entre vecinos y su entorno.
El mural no solo mantiene viva la memoria local, sino que también refuerza los lazos entre Salorino y las comunidades del norte peninsular vinculadas a la trashumancia. La obra de Brea se consolida como una referencia en la reinterpretación contemporánea de la memoria rural extremeña, a través de un lenguaje visual que conecta generaciones y territorios.














